1.5.07

La cagona (un cuento moral)

Ultimamente sólo leo y releo bibliografía acerca de la mujer ctónica. Ya saben: Sexo y carácter de Otto Weininger, La evolución del deseo de David M. Buss, Sexual Personae de Camille Paglia y, sobre todo, los escritos de nuestro filósofo de cámara Horrach. Por eso me interesó muchísimo algo que soltó un tipo hace unas noches en un chat. Me pareció que cifraba a la perfección el concepto de mujer ctónica: ilustraba eso sobre lo que ya se acumula la teoría. Lo mejor que puedo hacer esta vez en mi turno del Nickjournal es copiar sin más las parrafadas del tipo (me he limitado a ajustar la ortografía, a solventar algún que otro anacoluto propio de la escritura rápida y a juntar todas sus intervenciones, eliminando las de los otros). Considero que lo que van a leer a continuación es una historia de género: lo que se narra sólo podía haber sido ejecutado por una mujer (aunque quizá no por toda mujer). Les dejo sin más con el nick narrador:

* * *
¿Sabéis lo que me pasó hace poco? Fue la hostia. Yo estaba en mi casa un día como hoy, un sábado a la una y pico de la madrugada. Suena el portero electrónico. Es mi ex, que dice que pasaba por la zona y llama por si estoy despierto. Que si puede subir. Claro, claro, le digo... Yo hacía meses que no la veía ni tenía noticias suyas. Mi zona está apartada y ella sabía perfectamente que me seguía gustando, así que di por hecho que venía a follar. Es lo lógico, ¿no? Si una ex que sabe que tú la sigues deseando llama a tu casa a la una y media de la madrugada de un sábado es porque viene a follar. ¿Me equivoco? Yo al menos, que soy un romántico, lo pienso así. Total, que arreglo como puedo la casa, me cepillo los dientes, me pongo calzoncillos nuevos, etc., hasta que suena ya el timbre, le abro y entra... Sin darme siquiera un beso de saludo, me dice: "Perdona, ¿puedo ir al baño?". Y allá que se mete... Yo aprovecho para seguir arreglando la casa todo lo que puedo: los ceniceros, los restos de pizzas, los cojines del sofá... Pero de pronto me doy cuenta de que está tardando demasiado. Y escucho pedos y sonidos inequívocos de defecación. Me digo: "No puede ser que esté cagando. Yo a esta mujer la he querido. Y ahora viene a mi casa y se pone a cagar..." En fin, la espera se hizo interminable... Aquello, más que un reloj de arena, era como un reloj de mierda. Yo contaba los minutos con sus imaginarios mojones cayendo en mi wáter... Hasta que al fin suena la cadena. Se abre la puerta, sale ella... y con ella un pestazo de la hostia. ¡El pestazo aquel de mi ex, tan conocido por mí! Yo trato de justificarla mentalmente, a pesar de todo: tendría un apretón, no pasa nada. Ahora es cuando empieza lo bueno: el revival sexual! Incluso me viene a la cabeza un verso de Yeats para restaurar la poesía del sabadete: "el amor es el lugar del excremento"... Pero nada, ella lo único que me dice es que tiene que irse, etc., y se va... Yo me quedo a solas en mi casa, con el pestazo de mi ex. Y con una idea despiadada abriéndose paso en mi cabeza... una idea nítida pero que me resisto a formular descarnadamente: ¡Esta tía ha venido a mi casa sólo a cagar!

[Publicado en Nickjournal]