2.6.07

Beneficios ópticos del follar

Accidente (Ponce de León)
Normalmente uno folla y luego se queda retozando. Pero la otra noche, por circunstancias de la vida (¡que no pienso explicitar!) follé y luego tomé el vehículo... para regresar a mi casa. Esto último es lo de menos (invéntense las historias que quieran). Lo importante, de lo que yo quiero hablar aquí hoy, es del trayecto, del trayecto vehicular y conductoril con los testículos bien descargados y aliviados (¡sí, de cintura para abajo mi corazón es infiel!) y los aromas del cuerpo ajeno todavía impregnando el propio (¡hipócrita lector sin bable y sin fritura!) sobre el sillón.

Durante el trayecto, pues, en esa tesitura del gozo recién satisfecho, el mundo se presenta diáfano al volante. El mundo que es noche en este caso: recalcada noche en sus perfiles nítidos. Asombrosamente, es noche iluminada por el sol que destellan los ojos (alonseados reflectores). Un mirón es entonces menda: un mirón no ya de cuerpos, sino del cuerpo del mundo; como si la autopista siguiese siendo la cama, con los sentidos potenciados. La cabeza está en el centro, con despejamiento zen. Hay una pulcritud de cuerpo recogido (¡sin lucha!) en su límite. La mano al volante, los pies en los pedales y una musiquilla sonando (recomendable que sea bossa nova). El hombre es mejor así, después de haber follado. El deseo-acicate provoca un estado de perturbación. Es mejor el de luego. La reconciliación con el mundo: entre otras cosas, óptica.

El miope acelera porque ya ve bien. La vista cansada se convierte en vista pujante. La mirada vuelve a ser la mirada limpia del niño, que ve en la piel del mundo un campo (¡preciso!) de juegos. Y no son metáforas: el cartel que uno no lograba leer a la ida, puede leerlo a la vuelta. Objetivamente se ha producido una mejora óptica. Por eso en este mundo de conductores, en este mundo asentado en una moral de conductores, deberían saberse y proclamarse los beneficios ópticos del follar. Incluso gubernativamente.

Señor Director General de Tráfico, ya que lo suyo son los obscenos números, la celebración de los muertos si quedan por debajo del tope, descabalgue también a la moral en este caso. No podéis conducir por mí, pero sí invitarme a putas cada vez que vaya a coger el vehículo. Y en los grandes paneles electrónicos, en vez de la contabilidad de los fiambres y de las reiteraciones cansinas sobre los límites de velocidad y la distancia prudente, debería venir este otro recordatorio: "¿Has follado ya?". Y deberían acuñarse nuevos eslóganes: "Si no follas, no conduzcas". Y en los controles, junto con el inevitable alcoholismo, debería analizarse también el roce residente en penes y vaginas. Y que se reserve la expresión "Ese va follado" para catalogar el buen conductor, al conductor ejemplar. Y que en los recuentos semanales, del mismo modo que se recalca "el 67% de los fallecidos no llevaba cinturón", se diga: "el 54% iba sin follar".

[Publicado en Nickjournal]