20.6.07

Charlatanería de la sinceridad

Me estaba decepcionando bastante el famoso On Bullshit, del ya mencionado aquí Harry G. Frankfurt, cuando llego a las últimas páginas, que justifican el libro (el librito). Antes el autor ha hecho una acertada consideración:

Es precisamente esa ausencia de interés por la verdad —esa indiferencia ante el modo de ser de las cosas— lo que yo considero la esencia de la charlatanería.

Más adelante desemboca en una conclusión que resuena como el aforismo de Nietzsche “Las convicciones son enemigas de la verdad más peligrosas que las mentiras”:

Uno que mienta y otro que diga la verdad juegan, por así decir, en bandos opuestos del mismo juego. [...] El charlatán ignora por completo esas exigencias. No rechaza la autoridad de la verdad, como hace el embustero, ni se opone a ella. No le presta ninguna atención en absoluto. Por ello la charlatanería es peor enemiga de la verdad que la mentira.

Llegamos por fin a las últimas páginas:

La proliferación contemporánea de la charlatanería tiene también raíces más profundas en las diversas formas de escepticismo que niegan que podamos tener acceso seguro alguno a una realidad objetiva y que rechazan, por consiguiente, la posibilidad de saber cómo son realmente las cosas. [...] Una respuesta a esa pérdida de confianza ha consistido en renunciar a la disciplina exigida por la dedicación al ideal de la corrección para refugiarse en un tipo de disciplina muy diferente, impuesta por la persecución de un ideal alternativo de sinceridad. En lugar de tratar primordialmente de lograr representaciones precisas de un mundo común a todos, el individuo se dedica a tratar de obtener representaciones sinceras de sí mismo. Convencido de que la realidad no posee naturaleza alguna inherente que uno pudiera confiar en determinar como la verdad fiel de las cosas, se consagra a ser fiel a su propia naturaleza individual. Es como si decidiera que no tiene sentido intentar ser fiel a los hechos, por lo que, en vez de eso, ha de intentar ser fiel a sí mismo.

Y he aquí la charlatanería de la sinceridad:

Como seres conscientes, existimos sólo en respuesta a otras cosas y no podemos conocernos en absoluto a nosotros mismos sin conocer aquéllas. Más aún, no hay nada en la teoría, y ciertamente nada en la experiencia, que sustente el extraordinario juicio de que lo más fácil de conocer es la verdad acerca de uno mismo. Los hechos que nos conciernen no son especialmente sólidos y resistentes a la disolución escéptica. Nuestras naturalezas son, en realidad, huidizas e insustanciales (notablemente menos estables y menos inherentes que la naturaleza de otras cosas). Y siendo ése el caso, la sinceridad misma es charlatanería.