19.6.07

Homenaje (melancólico) al Fary

El Nickjournal como fuente de noticias. De noticias fúnebres, como esta de la muerte del Fary. Aquí me he enterado y aquí suspiro. La semana pasada estuve leyendo los Diarios 2001 de Arcadi Espada y ahí venían unas hermosas consideraciones sobre las necrológicas. La más emocionante: que la necrológica suele ser la última vez que se habla de una persona. Esta puede que sea la última vez que hable yo del Fary. (Me suelto en deshilachadas anotaciones:)

Ni me gustó ni me dejó de gustar. Era feo y nos acompañó treinta años. Nos reíamos de él, pero le teníamos cariño. Uno lo evoca y se le distiende el corazón. No fue un cabroncete.

El pueblo acuñó esta frase: "Eres más feo que El Fary chupando limón". A una profesora de la Universidad la habíamos apodado "El Fary", y sentíamos que era el peor mote que podía ponérsele a una mujer. Pero lo cierto es que se parecía muchísimo al Fary. Y tampoco era mala persona: con esa cara parece imposible ser mala persona.

Yo asistí en directo a la presentación del Fary, por la tele. Era en un programa de Íñigo en que se descubrían nuevos talentos, o talentos a los que la fama les había pasado de largo. De allí salió el rubio Iván, creo. Era un triunfito avant la lettre. Y también salió El Fary, con su furia de feo traspapelado. Se agarró a la fama como el jinete de un rodeo a su potro. Se le suponían muchas deudas y muchos hijos. Se le suponía una miseria que la fama taponaba. No se ocultaba, no se adornaba: quería comer, quería vivir bien. Los pobres suelen querer esas dos cosas. (Son los burgueses los que quieren cambiar el mundo.)

Una vez cantó en el programa de aquel presentador soso y amable, Pablo Lizcano. Después, se incorporó a la tertulia, que era de mujeres bravas. Hablaban de feminismo. Llegó el Fary y lo primero que dijo fue: "Ojú, cuántas mujeres. Es para echárselas todas al hombro". Le llovieron palos retóricos, insultos, improperios. Por la escena, así transcrita, puede parecer que se lo merecía. Pero en la tele se apreciaban los tonos: El Fary habló con dulzura (una dulzura, sí, algo ensuciada por una retórica vieja –pero de temperatura cariñosa), mientras que las feministas escupieron con hosquedad de machotes que ponen los cojones encima de la mesa (presas también de una retórica previsible).

Algunas de sus canciones tenían su punto. La del "torito bravo", que "va p'a semental", el que "tiene botines y no va descalzo". Y otra que pasó más inadvertida pero que era todo un ideario estéticomoral. "Categoría" se titulaba, y era una extraña canción de exposición abstracta de un concepto. Nos hacía pensar que el pueblo llano no hubiera desentonado en clase de Heidegger (cosa que sí haría el 99% de nuestros filósofos).

En su serie televisiva recuerdo una escena ciertamente inolvidable. El Fary se acerca a la barra de un bar. Hay un grandullón que no le deja sitio. El Fary intenta meterse, pero el grandullón le dice: "¿Adónde vas, enano?". A lo que responde el Fary, antes de lanzarse a pegarle: "Enano no, ¡recortaíto!".

Desapareció unos años, y ahora ha muerto.