Los cachorros
Me acuerdo ahora del amigo que, a los catorce años, nos contó que le había comido el coño a una mujer y que sabía a sardina. La envidia por aquel amigo nos perturbó la adolescencia. No supimos que había sido un farol hasta mucho después: cuando lo probamos al fin y descubrimos, con sorpresa, que sabe a bacalao.
