25.8.07

Los Soprano nos han llevado a esto

Quizá cargue un poco seguir aquí como de viudo de Félix Bayón (él habría empezado a calificarlo ya de mariconada), pero la verdad es que brotan los momentos sentimentales. Contaré el último.

Tiene que ver con Los Soprano. La última vez que nos vimos le presté, metidas en una bolsa del OpenCor, las cuatro primeras temporadas. Yo le había elogiado mucho la serie y él me la había pedido. Pero cuando nos llamamos aquella mañana para quedar, se resistió al préstamo: "Es que, como me enganche, no voy a poder dejar de verla... y tengo ahora mucho que leer". Le argumenté que hoy en día no hay ninguna lectura del nivel de Los Soprano, ni ninguna película, ni ningún otro producto cultural. Se rió y aceptó.

Se lo pasó pipa viéndola. Una vez, como ya conté, me llamó para celebrar una frase de Tony: "El cunnilingus y la psiquatría nos han llevado a esto". Y hasta citó la serie alguna que otra vez en sus artículos sobre la corrupción marbellí. Cuando se murió, mi colección estaba todavía en su casa. Yo no conocía a su mujer y la daba por perdida. Me apenaba un poco... pero no me disgustaba la idea de que se quedase allí a modo de ofrenda.

Pero meses después su mujer, Sagrario, nos llamó a algunos de sus amigos para la preparación de la antología. Fue entonces cuando la conocí, y cuando estuve por primera vez en su casa. Al principio no le dije nada de la serie, entre otras cosas porque sabía, por una amiga, que no había vuelto a entrar en el despacho de su marido ni a tocar sus cosas desde entonces. Sólo empezó a hacerlo precisamente gracias a nuestro trabajo en la antología, ya que tuvo que buscar sus artículos y sus fotos.

Recuperé la colección hace sólo un mes, en una comida que organizó Sagrario en su casa. Fue, por cierto, el día en que murió Polanco, noticia que conocimos allí: uno de los sitios adecuados para contextualizar la independencia del "diario independiente de la mañana". Al despedirnos le recordé a Sagrario lo de la serie, que ya sabía que era mía. Entró a por ella y vino con la misma bolsa del OpenCor que yo le había dado a Bayón. Pero dentro no estaban sólo Los Soprano. En noches perdidas, por mail o por teléfono, cuando salía en la conversación alguna serie o alguna película que yo no había visto, decía Bayón: "Ah, pues te la grabaré". Luego no habíamos vuelto a hablar de ninguna, ni jamás llegó a decirme: "ya te la he grabado"... Pero allí estaban en la bolsa. Como me demoraba mirando su contenido, Sagrario me preguntó: "¿Está todo?". A lo que le respondí: "No. Hay más".