17.9.07

Cubertería Mariscal

Este ya es el signo de decadencia definitivo de la socialdemocracia: la cubertería que está entregando El País del repelente, por superguay, Javier Mariscal. Cada generación tiene su Walt Disney, y Mariscal ha sido el Walt Disney de la nuestra: aquel que rebajaba el mundo a tontos monigotes, de acuerdo con la moral imperante. La peste del diseño, en España, tiene el nombre de Mariscal. En los primeros momentos nos cayó simpático, cuando salía en La Edad de Oro con Miquel Barceló; pero enseguida se puso a atufarnos con su plasta de Cobi, que hizo bueno a Naranjito.

Miro sus cubiertos y me recorre un sudor frío. ¿Es posible que todos nuestros socialdemócratas vayan a desayunar, almorzar y cenar a partir de ahora con esos patosdonald de acero inoxidable? Sinceramente, ¿cómo se puede desayunar, almorzar y cenar con cuchillos, tenedores y cucharas superguays? Algún día, me lo estoy temiendo, habrá algún asesinato con un cuchillo o un tenedor de Mariscal. Yo, de hecho, me pondría muy nervioso si tuviera los cajones de mi cocina llenos de cuchillos y tenedores de Mariscal. ¿No recuerdan aquellas obsesiones de Lorca en Bodas de sangre sobre la fatalidad de los cuchillos, que llaman a la muerte, etc.? ¡Pues si eso ocurría con los cuchillos de Lorca, imagínense con los de Mariscal! Pero, mientras que la muerte con cuchillo lorquiano era algo trágico, emparentado directamente con Shakespeare, morir con cuchillo de Mariscal sería algo ridículo y rococó! ¡Y con un tenedor de Mariscal no digamos! ¡Y no quiero ni pensar con una cuchara! ¡Ese sí que sería el colmo de la muerte rococó y ridícula: morir acuchillado con una cuchara de Mariscal!