18.9.07

El callejón sin salida de ser Milikito

Uno a veces, en sus momentos de debilidad, piensa si no hubiera sido mejor ser Milikito y estar, a estas alturas, forrado de millones. Pero si uno fuese Milikito y estuviese forrado de millones, en lo que emplearía urgentemente esos millones sería en dejar de ser Milikito. Milikito, sin embargo, que es Milikito y está forrado de millones, insiste incesantemente en ser Milikito. El motivo tal vez sea que, cuando uno ya es Milikito, no puede dejar de serlo nunca, por más forrado de millones que esté. El ser Milikito, que es lo que te permite forrarte de millones, te impide luego (¡tajantemente!) dejar de ser Milikito. Ser Milikito es, pues, un callejón sin salida, que te forra de millones pero te veda toda posibilidad de dejar de ser Milikito. Llegas al final del callejón sin salida que es ser Milikito, te das la vuelta, y vuelves a encontrarte a Milikito. Milikito es, de hecho, un emparedado entre otros dos Milikitos, permanentemente. Milikito, permanentemente, está forrado no sólo de millones, sino también de Milikitos. Milikito es pues, incesantemente, una multitud de Milikitos. Milikito es un tuttifrutti rebosante de Milikitos (y tal vez por eso uno de sus programas fue Tutti-Frutti, que ahora puede ser contemplado como un autohomenaje avant la lettre a su tuttifruttesca personalidad). La consecuencia de todo esto es que es mucho mejor no estar forrado de millones, si con ello uno se ha evitado estar forrado también de Milikitos.