Los Panero son los Dalton
El Agustín Fernández Mallo que prefiero es el poeta (o post-poeta) de Joan Fontaine Odisea: un libro asombroso, espectacular, cuyo segundo verso es el gran "arde el sofá y lo que de materia le sobra al día". Nocilla Dream también me parece admirable, aunque me molestan los descuidos de su prosa. Considero que éstos, sin embargo, son un tributo admisible si a cambio hemos obtenido la estimulante novela de un no lector de novelas. Ya hemos leído cientos de novelas de lectores de novelas, impecablemente escritas y que no nos decían nada: atufaban demasiado a novela. La verdad es que hoy en día todo el mundo "escribe bien". Yo sigo siendo un tiquismiquis de la corrección, y en mis propios textos la cuido todo lo que puedo; pero eso no me impide reconocer que hay que colocar esta característica en un segundo lugar. Lo primero son las ideas y los estímulos. Mi ideal, naturalmente, es que se dé todo junto. Pero si tiene que faltar algo, prefiero que sea la corrección.
Pero lo que yo quería contar aquí es cómo la otra noche me tronché de risa a solas. Fue hace dos o tres domingos, mientras escuchaba el programa de poesía de Radio 3, La estación azul. El invitado era Agustín Fernández Mallo, al cual, tras unos minutos de entrevista, los melosos presentadores le pidieron que recitara el primero de sus poemas. Era lo normal, porque el programa consiste justo en eso: va un poeta y se entremezcla la charla con el recitado de sus versos. Pero Mallo respondió tímidamente, con cierto embarazo: "Bueno, no os lo había dicho y quizá tendría que habéroslo dicho cuando me invitasteis a venir, pero es que yo no leo mis poemas en voz alta. Yo es que no creo en la oralidad, para mí la poesía debe ser leída, no recitada, y por lo tanto no voy a leer ningún poema". Los presentadores se quedaron pasmados. Hubo unos segundos de desconcierto, hasta que el más joven tomó la iniciativa y dijo: "Bueno, Agustín, entonces yo mismo puedo ir leyendo tus poemas, ¿no? Es que el programa tiene esta mecánica y...". "Sí, sí, claro", concedió Mallo, "si los lees tú, no hay ningún problema". Entonces el presentador pasó a leer estos versos de Joan Fontaine Odisea y yo, literalmente, me partí de risa:
30
Juan Luis, fumando, encuadre corto, fenotipo Jack Nicholson
en penumbra, sillón de orejeras ...luego, suelo viajar
con este cuchillo automático que me ha salvado el pellejo
en dos ocasiones, lo compré en París...
Leopoldo, fumando, buscando la cámara
con esa expresión de monstruo desvalido,
el psicoanálisis aplicado a mi familia me enseña
que mi hermano Michi es un esquizofrénico.
La esquizofrenia es una cosa preciosa.
El otro es un paranoico, y la paranoia
es bastante desagradable.
Michi, fumando, plano general,
sentado en un banco que parece condenar
de inmediato al acusado,
me temo que no vamos a tener descendencia,
me interesa destacar eso porque somos
un fin de raza nada wagneriano,
somos un fin de raza astorgano,
muy erosionado por el tiempo,
y tampoco es nuestra culpa,
llevamos tantos hectolitros de alcohol en la sangre,
-tanto por parte de padre como de madre-,
que ha llegado un momento en que,
por lo visto, no damos más de sí...
La viuda, Felicidad, robotizada contra
el vidrio de la puerta, fumando, de aquel otoño
recuerdo dos poemas que siempre que los leo me los recuerdan.
La Sonrisa Dormida, y otro que empieza...
............................[un gesto de mano a la cámara],
quizá me he olvidado.
.....30.1
.....Los Panero son los Dalton
.....en un western que no existe.
..........30.1.1
..........Bienaventurados quienes cultivan
..........en las grietas sin fondo de los mapas.
..........Cuando toque rendir cuentas
..........no podrán ser llamados.




