30.8.07

En un monumento a la aspirina

Otra traducción de La educación por la piedra, de João Cabral de Melo Neto: "Num monumento à aspirina". A la aspirina ya la sacó en otro poema Álvaro de Campos: "Preciso de verdade e da aspirina". Pero me gusta más como lo citaba Octavio Paz: "Un poco de verdad y una aspirina".

En un monumento a la aspirina

Claramente: el más práctico de los soles,
el sol de un comprimido de aspirina:
de empleo fácil, portátil y barato,
compacto de sol en lápida sucinta.
Principalmente porque, sol artificial,
al que nada le impide funcionar de día,
y al que no expulsa la noche, cada noche,
sol inmune a las leyes de la meteorología,
a cualquier hora en que lo necesitemos
se levanta y viene (siempre en un claro día):
se enciende, para secar los entramados del alma,
aclararla, como ropa al sol del mediodía.

*

Convergen: la apariencia y los efectos
de la lente del comprimido de aspirina:
el acabado esmerado de ese cristal,
pulido a esmeril y repulido a lima,
anticipa el clima que va a configurar
y lo cartesiano que es todo en ese clima.
Por otro lado, porque, siendo lente interna,
de uso interno, por detrás de la retina,
no sirve exclusivamente para el ojo
esa lente, o comprimido de aspirina:
ella reenfoca, para el cuerpo entero,
lo borroso de alrededor, y nos lo afina.

29.8.07

Dos de las fiestas de la muerte

Traduzco "Duas das festas da morte", otro poema de La educación por la piedra de João Cabral de Melo Neto:

Recepciones de etiqueta que da la muerte:
el muerto, vestido para una inauguración;
y ambiguamente: con el traje del orador
y el de la estatua que va a inaugurarse.
En el ataúd, mitad ataúd, mitad pedestal,
el muerto se inaugura más que muere;
y doblemente: se inaugura en tanto estatua
y en tanto vivo que toma posesión.

*

Meriendas para niños que da la muerte:
los entierros infantiles del Nordeste:
reservados a menores de trece años,
inadecuados para adultos (ni los siguen).
Fiesta mitad excursión, mitad merienda,
al aire libre, ideal para un día sin clase;
en ella los niños juegan a las muñecas,
e incluso con una muñeca de verdad.

28.8.07

La bufanda convulsa

Hoy es día para condolerse por Francisco Umbral. Por él mismo, ante todo; y por el umbraliano que fuimos (hasta que dejamos de serlo), después.

El Tiempo ya puede dedicarse limpiamente, sin el contrapoder del autor, su mayor enemigo, a aquilatar su obra. Mucha hojarasca será llevada por el viento. Pero quedarán los libros esenciales. Y quedará su voz, esa música. (Y puede que, también, la memoria de su bufanda.)

Diré cuáles fueron los libros suyos que más gocé (además de los artículos de su Spleen de Madrid en El País, que gocé tantísimo: luego, cuando se pasó a El Mundo, me di cuenta de que parte del gozo estaba en mi amada tipografía): Memorias de un niño de derechas, Las giganteas, A la sombra de las muchachas rojas, Las ninfas, Travesía de Madrid, Los helechos arborescentes, Lorca, poeta maldito y La belleza convulsa.

Con este último título rescató, por cierto, a Breton de su horripilante convulsive. "Convulsiva", decían y siguen diciendo algunos al traducir a Breton; pero no. Umbral, con su oído, supo dar la frase buena: "La belleza moderna será convulsa o no será".

25.8.07

Los Soprano nos han llevado a esto

Quizá cargue un poco seguir aquí como de viudo de Félix Bayón (él habría empezado a calificarlo ya de mariconada), pero la verdad es que brotan los momentos sentimentales. Contaré el último.

Tiene que ver con Los Soprano. La última vez que nos vimos le presté, metidas en una bolsa del OpenCor, las cuatro primeras temporadas. Yo le había elogiado mucho la serie y él me la había pedido. Pero cuando nos llamamos aquella mañana para quedar, se resistió al préstamo: "Es que, como me enganche, no voy a poder dejar de verla... y tengo ahora mucho que leer". Le argumenté que hoy en día no hay ninguna lectura del nivel de Los Soprano, ni ninguna película, ni ningún otro producto cultural. Se rió y aceptó.

Se lo pasó pipa viéndola. Una vez, como ya conté, me llamó para celebrar una frase de Tony: "El cunnilingus y la psiquatría nos han llevado a esto". Y hasta citó la serie alguna que otra vez en sus artículos sobre la corrupción marbellí. Cuando se murió, mi colección estaba todavía en su casa. Yo no conocía a su mujer y la daba por perdida. Me apenaba un poco... pero no me disgustaba la idea de que se quedase allí a modo de ofrenda.

Pero meses después su mujer, Sagrario, nos llamó a algunos de sus amigos para la preparación de la antología. Fue entonces cuando la conocí, y cuando estuve por primera vez en su casa. Al principio no le dije nada de la serie, entre otras cosas porque sabía, por una amiga, que no había vuelto a entrar en el despacho de su marido ni a tocar sus cosas desde entonces. Sólo empezó a hacerlo precisamente gracias a nuestro trabajo en la antología, ya que tuvo que buscar sus artículos y sus fotos.

Recuperé la colección hace sólo un mes, en una comida que organizó Sagrario en su casa. Fue, por cierto, el día en que murió Polanco, noticia que conocimos allí: uno de los sitios adecuados para contextualizar la independencia del "diario independiente de la mañana". Al despedirnos le recordé a Sagrario lo de la serie, que ya sabía que era mía. Entró a por ella y vino con la misma bolsa del OpenCor que yo le había dado a Bayón. Pero dentro no estaban sólo Los Soprano. En noches perdidas, por mail o por teléfono, cuando salía en la conversación alguna serie o alguna película que yo no había visto, decía Bayón: "Ah, pues te la grabaré". Luego no habíamos vuelto a hablar de ninguna, ni jamás llegó a decirme: "ya te la he grabado"... Pero allí estaban en la bolsa. Como me demoraba mirando su contenido, Sagrario me preguntó: "¿Está todo?". A lo que le respondí: "No. Hay más".

24.8.07

Aquel felpudón

Noche de fiebre. Y de pronto, entre los sudores fríos, se me ha presentado en la memoria, sin venir a cuento, el felpudón de aquella actriz de la que hace muchos años que no se sabe: Maruschka Detmers. ¿La recuerdan? Era la maravillosa morenita de El diablo en el cuerpo; luego hizo alguna película más, alguna serie de televisión y después nada. Esta mañana, en cuanto he conseguido levantarme, ahíto de gelocatiles, he ido a buscarla en el Google Imágenes (sí, yo soy de los que, en tanto queden bellezones de carne y hueso, no se dignarán a explorar el Google Sky: por ahora me basta con las estrellas con tetas). Y ya puestos, recupero uno de los hits de AS sobre el temita:

* * *
¿Dónde están los felpudos?

Esto es un desastre: todas las tías que me he llevado a la cama últimamente tenían el pubis afeitadito, un triangulito o una tirita apenas, y algunas ni siquiera eso. ¿Dónde están los felpudos? ¿De aquellos fastuosos felpudos de hace no muchos años, qué se fizo? Estoy convencido de que el afeitado chochal es represivo, y que tiene mucho que ver con que las tías ahora no tengan ni puñetera idea de chuparla, o de que sólo sepan follar, como ya dejé aquí anotado en otra ocasión, o bien como cadáveres o bien como epilépticas, sin resto ya ninguno de ars amatoria ni de felinidad. Ah, benditos setenta: las "gargantas profundas" iban con los felpudones. Un indicio siniestro de nuestra penuria erótica es que ahora lo natural (¡por animal!), que es el felpudo (¡y los pelos en el sobaco!), hay que buscarlo en la sección de perversiones de cualquier web porno. Sólo ahí, junto con los travestis, los zoófilos y los coprófilos, aparecen las mujeres "unshaved" o con "bush" (entrañable acepción de la, hoy por hoy, asesina palabra). Por eso, por esa represión generalizada, me basta ver un sobaco peludo para ponerme a cien. Con Maud por ejemplo: Maud se quita la camisa ante Trintignant y, por más que estén discutiendo sobre Pascal, a mí me la pone tiesa su sobaco peludo. Es una afición que ya casi nadie tiene, siniestro mundo de tiquismiquis. Y el origen hay que buscarlo en un devastador terror al sexo que se va extendiendo cada vez más. Los hombres son cada vez más finolis: Adolfo Domínguez los amariconó. Se echan colonia y no tienen ni puta idea. Pero son, ante todo, unos cobardes. Sienten un horror visceral hacia lo femenino (hacia la nuda materialidad de lo femenino)... con el que las mujeres (cada vez más abstractas, más poseídas por ese invento masculino que es la abstracción) colaboran flagrantemente.

Me despido con un pasaje de García Calvo que puede dar más pistas sobre este asunto (¡sí, allego una voz prestigiosa a mi asunto animal!):

El coño, y especialmente velloso, apareciéndose como un objeto de descubrimiento terrorífico para el niño, tiene, como cabeza de Medusa, la virtud de dejar a los hombres petrificados cuando aparece. (...) Evidentemente, la aparición del coño velludo, especialmente del de la madre, es traumática para el niño, es profundamente terrorífica, se lo confiese o no (la represión puede ser más temprana o más tardía), en primer lugar, porque la mujer, el otro sexo, es esencialmente la desnuda, la carente de vello, es el caso justamente más alejado de la animalidad en la visión corriente, porque carece mucho más, está mucho más avanzada, diríamos, en el progreso de alejamiento de la animalidad que los hombres del sexo masculino en cuanto mucho más carente de vello, habiendo perdido mucho más el pelo de la dehesa, como se dice. Por tanto, la aparición del coño velludo es la aparición del vello del animal, pero precisamente en la desnuda, en el caso que se siente como más avanzado de la humanidad.

Por cierto, cáspita, que veo ahora al copiar estas líneas que en el mismo artículo me alude García Calvo (la referencia bibliográfica es: García Calvo, Agustín, "Los dos sexos y el sexo: las razones de la irracionalidad"; en Savater, Fernando (ed.), Filosofía y sexualidad; Ed. Anagrama, 1988). Con esa alusión me despido definitivamente:

El sexo dominante sabe que es dominante precisamente gracias a su limitación. El ser se funda en el número. En eso que llaman las señoras hacer el amor se sabe muy bien que hay una desigualdad tremebunda entre los sexos en principio: los hombres son limitados, numéricos; el más atlético de todos los que se pongan a hacer el amor, queda, por así decir, encerrado dentro de números que se cuentan con los dedos de la mano, y generalmente sobran casi todos.

(Pues sí, Agustín: qué le vamos a hacer :-)

22.8.07

La educación por la piedra

Sertão


Ayer me senté en la terraza a hojear La educación por la piedra, el libro de João Cabral de Melo Neto que editó Visor. Ya traduje aquí "Tejiendo la mañana" (al configurar el enlace compruebo que fue hace justo un año). Ayer era un mero gustazo pasar las páginas al azar e irse encontrando con los títulos de los poemas. Hago ahora lo mismo y copio los que salgan (en español valen):

Dos de las fiestas de la muerte
Una eriza
"The country of the Houyhnhnms"
El mar y el cañaveral
Bifurcaciones de "habitar el tiempo"
Tejiendo la mañana
Cosas de cabecera: Recife
La caña de azúcar de ahora
Los reinos de lo amarillo
La urbanización del regazo
Psicoanálisis del azúcar
Fábula de un arquitecto
El cañaveral y el mar
Agujas
La humareda en el sertão
Sobre el sentar-/estar-en-el-mundo
Un monumento a la aspirina
Ríos sin discurso
En las cuevas de Baza
El urubú movilizado
Dos bananas & la bananera
Los vacíos del hombre
De Bernarda a Fernanda de Utrera
La educación por la piedra

Al llegar al que da título al libro me paro. Han salido veinticuatro de los cuarenta y ocho: la mitad. Transcribo ahora las frases del prólogo que tengo subrayadas:

su palabra, austera y sufrida, com el paisaje que le vio nacer
la pobreza, la sequía
su universo claro, vítreo
razón y objeto
esfuerzo por mantener la disciplina formal
poema-edificio
no ofrece una sola emoción que no venga pensada, una sola palabra que no aporte un concepto, una sola música sin la exactitud y la desnudez del único sonido necesario
educar (sobre todo, el lenguaje) exige la firmeza, la intransigencia de la piedra
actúa por insistencia, machachando los temas
escoger la palabra desestimando lo que sobrenada, lo inútil, lo que nunca será esencia

Veo también la mención de un poema dedicado a Málaga, "Pernambuco en Málaga", del libro Serial, del que el prologuista y traductor Pablo del Barco nos da estos versos:

La caña dulce de Málaga
da dócil, disciplinada:
da en el fondo de patios
y podía dar en jarras.

No tiene la fuerza de la nuestra,
criada suelta en calles, plazas:
suelta, a gusto del cuerpo...

19.8.07

La guasa final de Thomas Bernhard

Este fin de semana me he leido Los comebarato, una novelita de Thomas Bernhard a la que hasta ahora me había resistido porque no está traducida por Miguel Sáenz (lo que para mi mentalidad quisquillosa es una suerte de sacrilegio). La novelita está muy bien, pero no han dejado de irritarme ciertos toques de la traducción que, quizá equivocándome, yo pensaba que Sáenz hubiese puesto de otra manera. Por ejemplo, las retahílas de "hombre espiritual", que yo, sáenzianamente, me autotraducía como "hombre de espíritu" —aunque a lo mejor ahora me voy a cualquier traducción de Sáenz y veo que él siempre ha estado poniendo "hombre espiritual". En cualquier caso, copio la mejor de esas retahílas tal y como la traduce el no Sáenz (la doy con tijeretazos):

Siempre le había horrorizado el hecho de que la mayoría de la gente consumía muy pronto su patrimonio espiritual, y de golpe y de la forma más repentina se encontraba ante la nada y tenía que seguir vegetando el resto de su vida con lo que él llamaba mínimo existencial espiritual. Igual que los comerciantes invierten dinero, los hombres espirituales tienen que invertir pensamientos, e igual que el comerciante sigue la marcha de sus negocios, el hombre espiritual tiene que seguir la marcha de sus pensamientos, el comerciante sigue la cotización de las acciones, decía Koller, el hombre espiritual la de los pensamientos. [...] El hombre espiritual tenía que convertir en presupuesto y principio de su existencia el no seguir consejo alguno, o por lo menos hacer siempre exactamente lo contrario de lo que se le aconsejaba. Lo más importante para él había sido desarrollar desde el principio su testarudez, y seguir desarrollándola de más a más, incluso si esto significaba al principio el total enfrentamiento con los padres y el entorno, al fin y al cabo el total enfrentamiento con todo; naturalmente, el hombre espiritual no retrocede ante ello. [...] El hombre espiritual hará bien en estar desde el principio contra los padres y contra los maestros y contra la sociedad y en resumidas cuentas contra todo, para llegar a liberarse completamente de estos padres y maestros y de esta sociedad, para después, con el tiempo, poder observar y juzgar de hecho y agudamente y sin compasión, lo que en última instancia es su tarea, no tiene otra, está ahí para eso, aunque sea sin su consentimiento y de hecho contra su voluntad. El hombre espiritual no tiene otra justificación.

Lo que sí está bien en esta edición (Cátedra, Letras Universales) es el prólogo. Y explica mejor la muerte de Bernhard que Sáenz en su biografía de Siruela. Escribe éste:

Thomas Bernhard murió el 12 de febrero e 1989, hacia las siete de la mañana, en su piso de Gmunden (Lerchenfeldgasse 11). Incorporado a medias (hacía tiempo que se asfixiaba cuando estaba echado) y con un vaso de mosto (de sus propias viñas) en la mano. Hasta el último momento lo acompañó su hermano y médico de cabecera, Peter Fabjan, con quien estuvo hablando casi toda la noche. / Siguiendo sus deseos, fue enterrado en el cementerio de Grinzing (Viena) el día 16, con la mayor intimidad (sus hermanos y Emil Fabjan), y sólo entonces se dio a conocer la noticia de su muerte, que tuvo una gran repercusión en la prensa de muchos países.

El no Sáenz, en cambio, da cuenta de cómo las informaciones sobre los momentos postreros y la muerte de Bernhard fueron la última guasa (post mortem) de Bernhard:

En noviembre de 1988, Bernhard ya sabía que la enfermedad degenerativa que padecía desde años atrás le iba a dar poco tiempo. Y, como un dramaturgo que había sido actor, preparó con cuidado su salida de escena. / El domingo 12 de febrero de 1989, a las siete de la mañana, Thomas Bernhard dejaba de existir. Comenzaba entonces su última representación. Siguiendo sus instrucciones, su hermanastro y médico Peter Fabian hacía correr rumores sobre el agravamiento de su enfermedad el lunes, día 13, que desmentía él mismo el día 15. Por fin, el 16, en plena expectación, comunicaba el fallecimiento y su fecha real.

De Bernhard hay unas cuantos fragmentos de entrevistas en YouTube: aquí, aquí o aquí. Y un bonito montaje sobre su casa.

8.8.07

Sin esfuerzo

Este es un artículo perezoso. Hecho sin hacer –por picoteo. Es verano. Se anuncia un azote de calor del Sáhara y yo tengo puesto el ventilador. Escucho el último disco de Caetano Veloso, . He perdido el hilo, el de mi vida; pero aún se mantiene cerquita. Me bastaría con hacer un fácil esfuerzo con la mano. La tierra rebosa de felicidad. Por eso solemos caminar unos palmos por encima. Estamos en las etapas montañosas del Tour: por las laderas, centenares de ready-mades –ruedas de Duchamp (sin taburete) tomándose a sí mismas demasiado en serio.

Quería haber escrito sobre Octavio Paz. Sobre la pasión que tuve por él hace veinte años. Entonces solía encontrárseme con los pies en las piscinas –sentado en los bordes mientras leía sus poemas. Era una experiencia erótica. Creo que nunca ha habido un lector mejor de Semillas para un himno: "Entre tus piernas hay un pozo de agua dormida, / bahía donde el mar de noche se aquieta, negro caballo de espuma, / cueva al pie de la montaña que esconde un tesoro, / boca del horno donde se hacen las hostias, / sonrientes labios entreabiertos y atroces, / nupcias de la luz y la sombra, de lo visible y lo invisible / (allí espera la carne su resurrección y el día de la vida perdurable)." Veo ahora que la sección donde está ese poema, "Cuerpo a la vista", se titula El girasol. En el que le dedicó a Luis Cernuda había todo un programa (ético y poético): "Con letra clara el poeta escribe / sus verdades obscuras / Sus palabras / no son un monumento público / ni la Guía del camino recto / Nacieron del silencio / se abren sobre tallos de silencio / las contemplamos en silencio". Octavio Paz decía cosas que no decía nadie. En "La palabra edificante" por ejemplo, también sobre Cernuda, que era "el poeta menos cristiano" de la literatura española. Cernuda, a su vez, le dedicó el poema "Limbo" a Octavio Paz, que termina con aquel verso insuperable: "Mejor la destrucción, el fuego". Ayer en el telediario salió que un tipo había robado un tanque no sé dónde y con él se había dedicado a destruir una fábrica. Hace años se produjo otro suceso en que se aliaron "la destrucción y el amor". Un hombre se subió a una excavadora y avanzó en línea recta hasta la casa en la que vivía su amada, arrasando todo lo que encontró a su paso (vallas, jardines, coches, otras casas). Recuerdo que Savater dijo a propósito que habría que hacer algo así al menos una vez en la vida.

Fue por Savater por quien me aficioné a Octavio Paz. Al principio a éste, antes de haberle prestado atención, lo veía como uno más de los "autores iberoamericanos" que nos soltaban sus monsergas retóricas en 300 millones. Eran todos como variaciones de Pepe Domingo Castaño, que los presentaba. Aquello era como un programa religioso en que siempre estaban predicando la tabarra de la Hispanidad. Engolamiento a lo Joaquín Soler Serrano que, es cierto, los superaba a todos. Un día me interesó algo que Octavio Paz dijo en la radio, sobre las diferencias entre la amistad y el amor; pero no fue suficiente. Hasta que no supe que era amigo de Savater (por una alusión de éste en Sobre vivir), no me decidí a leerlo. Sí, así es como funciono: necesito que el personal me llegue con avales. Empecé por Pasión crítica y la antología de Júcar (¡amarilla, que leí sobre el verde césped del campus de Letras, como prefigurando mi afición brasileñista!). Luego devoré todo lo demás, ensayos y poemas, en una chisporroteante hoguera de admiración. Eso es lo que hubiera querido contar aquí, explicando mis razones; pero de nuevo me canso. En cuanto me aplico para adoptar un tono riguroso, me invade la pereza. El calor centrifuga la profundidad. Aunque no hace calor en mi escritorio: el ventilador emite una incesante brisilla artificial. Caetano Veloso sigue en el equipo de música, aportando su tropicalismo. Yo podría ser un detective de Rubem Fonseca, o mejor el Espinosa de Garcia-Roza, instalado en un cuartucho de Río de Janeiro. Escribo tratando de aclarar el caso. El caso es que el mundo es un resorte criminal (confuso). Y también es que he estado leyendo el Afterpop de Eloy Fernández Porta y me siento "un bulto solemne, de repente antiguo".

Luis Cernuda le dedicó un poemita al cacharro: "Aún queda, brusca delicia, / La que abre tu caricia, / Oh ventilador cautivo". La diferencia con el aire acondicionado es que éste no acaricia. Refresca pero sin tocar: es más socialdemócrata. Muchos suicidios en Suecia se evitarían con ventiladores. Aunque allí no existe el ventilador, porque no hace falta. Puede que los suecos se vengan al Sur no en busca de nuestro sol sino de nuestros (acariciantes) ventiladores. En verdad, dos cosas quedan en el litoral mediterráneo, dos únicas cosas: la luz y la brisa. Todo lo demás es horror. Fealdad, ruido, abyección, corrupción, asesinato. Pero, entre los horripilantes montones de detritus, aún circula la brisa. Y se cuela la luz o cae (a veces aplastando, qué euforia, sin piedad). Hay un tercer elemento, pero hay que asomarse al horizonte: el azul del mar; el azul flotante, ya separado o abstraído del mar. Un azul con frecuencia rayado por el cretino de la moto acuática, pero en permanente proceso de autorrestitución. La nada es azul. Un día el azul nos tragará y seremos felices (o al menos puros). Podría modificarse el último verso del "Limbo" de Cernuda: "Mejor la destrucción, el azul". El azul del cielo. En lo de "ir al cielo" lo sustancial es "ir al azul". Al fin y al cabo, el azul del mar es un azul prestado del cielo. En cuanto al horrendo litoral: sólo la brisa nos absuelve. Y la brisa, la fresca brisa que suscita el ventilador es una absolución doméstica, pequeñita. (Me vale para echar la mañana.)

El aspecto adocenado de Octavio Paz, si se mira bien, era un logro. Llevar una vida literaria de premios, congresos, conferencias y presentaciones es una de las posibles vías purgativas para la iluminación. Él mismo contaba que, cuando le dieron el primer premio importante, dudó si aceptarlo o no. En un lado, pensaría, están los capitostes huecos de la literatura; en el otro, Baudelaire, Rimbaud y los demás rebeldes vivos. Fue a consultarle sus dudas a un santón (se encontraba en la India) y éste le dijo: "Sea humilde, acepte el premio". Hay un momento en que lo ridículo es el aspaviento. Salinger, por ejemplo, dándole el manotazo a la cámara y encerrado en su búnker de uralita. Nietzsche, una vez más, indicó el camino sabio (y socarrón): "Un oficio es algo bueno: lo interponemos entre nosotros y los demás y así tenemos un escondite tranquilo y artero y podemos hacer y decir lo que todo el mundo considera que tiene derecho a aguardar de nosotros. También puede utilizarse de ese modo una fama precoz: suponiendo que, detrás de ella, pueda nuestro yo, sin que se lo oiga, volver a jugar libremente consigo y a reírse de sí mismo". Suponiendo eso último, por supuesto. En el otro extremo: los malditos sin humor, que llevan su malditismo con docilidad de oficinistas (léase la biografía de Haro Ibars al respecto).

Me gustó saber que Octavio Paz era amigo de Cioran: ese fue el aval definitivo, en los comienzos. Según contaba Savater, a Cioran le gustaba el soneto que termina "Y nada queda sino el goce impío / de la razón cayendo en la inefable / y helada intimidad de su vacío". Ahora, repasando la Breve historia del ensayo hispanoamericano de José Miguel Oviedo para ver si me animaba a escribir sesudamente sobre Octavio Paz, doy justo con un Cioran colombiano cuya existencia desconocía: Nicolás Gómez Dávila, que es con quien Oviedo concluye su libro. Este Gómez Dávila, nacido en 1914 como Paz y que no sé si aún vive (el Google lo abriré después), es autor de un único libro: Escolios a un texto implícito, que publicó muy tarde ya en su vida, en 1977. Dice Oviedo: "El título contiene una irónica alusión a ese largo silencio: el libro es el epílogo a una obra que no existe, que se omitió para dar vida sólo a unos fragmentos". Vienen unos cuantos y son, en verdad, cioranescos: "Nuestra última esperanza es la injusticia de Dios"; "Las verdades convergen hacia una sola verdad -pero las rutas han sido cortadas"; "La historia sepulta, sin resolverlos, los problemas que plantea". ¡Hay que conseguir ese libro! Y vaya con los colombianos: tenían a su Bernhard (Fernando Vallejo) y ahora resulta que también a su Cioran. Y el mundo dándole atención al mentecato de Macondo.

Me he pasado ya en unas líneas de la extensión habitual. Al final he despachado este artículo como yo quería, sin esfuerzo (creo que no he gastado ni una sola neurona). Caetano Veloso canta ahora "Homem" ("Hombre"), en que cuenta qué es todo aquello que no envidia de la mujer: ni la maternidad ni la lactancia ni la adiposidad ni la menstruación ni la sagacidad ni la intuición ni la fidelidad ni el disimulo. Sólo tiene envidia de dos cosas: "da longevidade e dos orgasmos múltiplos". "Eu sou homem", apostilla melancólicamente. Yo también.

[Publicado en Kiliedro]

6.8.07

Los cachorros

Me acuerdo del amigo que a los catorce años nos contó que le había comido el coño a una mujer y que sabía a sardina. La envidia nos amargó la adolescencia. Solo supimos que había sido un farol años después: cuando llegado el momento descubrimos, no sin sorpresa, que sabe a bacalao.

1.8.07

Curso de filosofía para ceporros

Del mito al logos.- La Filosofía nace cuando un tipo dice que a la porra con los dioses y que "el agua es el origen de todas las cosas". Eso está clarísimo, ¿no? El menda, Tales de Mileto, siguió caminando y se cayó en una zanja.

Parménides.- Éste alzó la voz para decir: "¡Eh, quieto ahí!". E inventó la metafísica.

Heráclito.- A éste en cambio no le gustaba nada la quietud y se puso a berrear: "¡Moverse, moverse!". También dijo que nadie se quema dos veces con el mismo fuego, o algo así. Le llamaban El Oscuro, porque solía decir enigmas en plan Pedrito Ruiz.

Sócrates.- Dijo "sólo sé que no sé nada", y me temo que con acierto. Todos coinciden en que era más feo que el Fary chupando limón.

Platón.- Tenía pinta y vozarrón de Constantino Romero. Su filosofía consiste en que vivimos en una caverna y que hay que salir de ella para que nos dé el solecito. Sus herederos son los dependientes de las agencias de viaje.

Aristóteles.- Este tío se creía, al igual que Goethe, una especie de Adriansens que lo sabía todo. En el fondo tenía el cerebro patético del aficionado a los crucigramas.

Epicuro.- Éste sí que se lo montó bien. Su filosofía es muy simple: "Vosotros seguid pensando, que yo voy a tomarme unas aceitunitas".

Filosofía cristiana.- San Agustín, Santo Tomás y toda esa panda lo tenían clarísimo: "Sí, sí, vosotros dadle al coco... pero la Luz la tenemos nosotros porque nos sale de los melifluos y algodonosos cojoncillos". En este sentido, el más coherente fue Duns Escroto.

Descartes.- Este tío se inventó la "duda metódica" y el "pienso, luego existo", que para un filósofo es como ganar el festival de Benidorm. Su fama fue tal que la reina Cristina de Suecia lo invitó a su cama, y por el camino René se resfrió. Se parecía a Clark Gable, pero sin las orejas de soplillo.

Leibniz.- Dijo que todo es una monada y "vivimos en el mejor de los mundos posibles". Enigmática frase que sólo llegaron a comprender los psocialistas cuando llegaron al poder en el 82 y se pusieron a descabezar gambas.

Spinoza.- Hizo una Ética según el orden geométrico. Si la entendí bien, consiste en pensar en triángulos y rectángulos para evitar hacer el mal. A causa de esta revolucionaria filosofía, lo expulsaron de la sinagoga.

Hume.- El primer filósofo con falda, puesto que era escocés (bueno, también lo fue Duns Escroto). Cansado de los racionalistas, dijo: "¡Alto ahí! ¡Los sentidos! ¡Ante todo los sentidos!". Y se puso a comer salchichones hasta engordar tremendamente.

Kant.- Del triste Inmanuel sólo nos ha quedado eso de que, a su paso, la gente ponía los relojes en hora. Lo del fenómeno y el noúmeno y las aporías es muy complicado para vosotros y ni siquiera voy a esbozároslo. Pero sí es muy importante lo del imperativo categórico. Consiste en que debemos actuar siempre como si fuésemos Milikito.

Hegel.- El tío vio a Beethoven y se dijo: "Voy a hacer lo mismo, pero en filosofía". Su tragedia es que luego no vino un Mike Ríos a hacernos digeribles sus empanadas (mentales, por supuesto). A otro colega idealista, sin embargo, sí le dedicaron un hit en los setenta: "Saca el whisky, Schelling".

Marx.- Menudo pillo. Dijo: "Yo digo lo mismo que Hegel, pero dándole la vuelta, y me hago el rey". La operación funcionó y se convirtió en un filósofo tipo Mili Vanilli, que movía la boca pero no cantaba (el que cantaba era Hegel). Años después hizo de Doctor Infierno en la serie Mazinger Z.

Schopenhauer.- Alguien le habló del budismo y éste dijo: "Uy, uy, esto me lo adapto yo y triunfo". Y así fue: exactamente como cuando Ana Belén se puso a cantar en español canciones de Chico Buarque.

Nietzsche.- Con ese bigotón, se equivocó de trabajo: tenía que haberse puesto a cantar rancheras. Con lo del Eterno Retorno tuvo un vislumbre de lo que serían los programas de cotilleos.

Filosofía del siglo XX.- Tras muchos galimatías, llegó el hombre que lo puso todo en claro, enciclopédicamente: Adriansens.

Filosofía del siglo XXI.- Por fortuna Adriansens sigue vivo, con lo que tenemos garantizada la luz por otra temporada.

[Publicado en Nickjournal]