11.4.08

Instrucciones para leer a Bernhard

Tras mis instrucciones para leer a Jünger, algunos amigos me han pedido otras para leer a Bernhard. Este es el orden que propongo:

1. Thomas Bernhard. Un encuentro, conversaciones con Krista Fleischmann (Tusquets). La mejor instroducción a Bernhard posible (¡e imposible!). Te descacharras de risa y, de paso, te metes en su mundo. [(17.11.09) Y Mis premios.]

2. Corrección (Alianza). La obra maestra de Bernhard. Hay que empezar por Corrección, sin ninguna duda. Es una obra perfecta, sublime, pero áspera, sin concesiones. Muchos lectores saldrán rebotados: pero esos lectores, entonces, es que no se merecían a Bernhard y hacen muy bien en irse a tomar por culo. Uno siempre tiene que empezar por leer Corrección, para poner a Bernhard en un altar y tenerle el máximo respeto de ahí en adelante.

3. Tala (Alianza). La novela más divertida y corrosiva de Bernhard. No deja títere con cabeza en el mundillo cultural vienés: que es, entendámonos, como todos los mundillos culturales posibles e imposibles.

4. Hormigón (Alfaguara). Tras Correccion y Tala, viene perfecto este delicioso canapé que es Hormigón. Un librito despojado, contenido: que sigue siendo puro Bernhard. (¡Y sale Mallorca!)

5. El malogrado (Alfaguara). Ahora sí que entra El malogrado. Muchos cometen el error de leer El malogrado para empezar y no: si se empieza por El malogrado, El malogrado sabe a poco. Hay que leer El malogrado cuando uno ya está bernhardizado a tope. (¡Y sale Madrid!)

6. Llegó el momento de leer los relatos de Bernhard. Pueden leerse estos tres libros enteros, o bien exclusivamente el relato que señalo de cada uno de ellos (los tres en Alianza Editorial): El carpintero y otros relatos, “La gorra”; Relatos, “Jugar al watten”; Acontecimientos y relatos, “Goethe se mmmuere”. [(22.9.12) En el nuevo libro editado de Bernhard, Goethe se muere, hay otra obra maestra, superior incluso a la anterior que da título –aunque con poda de emes– al volumen: "Reencuentro".]

7. El imitador de voces (Alfaguara). Ahora, los microrrelatos de Bernhard: una deliciosa bandeja de minicanapés. Bernhard en su propio Bulli, Bernhard autoferranadrianizado.

8. Hay que meterse ya en la pentalogía autobiográfica (Anagrama): lo mejor en términos absolutos, junto con Corrección. Podría empezarse a leer a Bernhard por la pentalogía autobiográfica. Podría, incluso, leerse de Bernhard exclusivamente la pentalogía autobiográfica y con ello ya se iría bien servido. Pero para el que quiera leer más Bernhard, lo mejor es leerla aquí, cuando ya está bien entrado en Bernhard. Leerla aquí quintuplica y decuplica sus efectos. Y hay que leerla, naturalmente, según su orden de publicación (nada de empezar por Un niño): El origen, El sótano, El aliento, El frío y (ahora sí) Un niño.

9. Tres canapés más, a gusto del consumidor: El sobrino de Wittgenstein (Anagrama), (Anagrama) y Los comebarato (Cátedra). Tras le lectura de la pentalogía autobiográfica, no está mal leerse la introducción de esta última (la única no traducida, ay, por Miguel Sáenz).

10. Maestros antiguos (Alianza). Otra obra con empaque, y a la vez divertidísima (aquí están las famosas andanadas contra Stifter y Heidegger).

11. Llegado a este punto, el bernhardiano debe repescar sus otras grandes obras: Trastorno (Alfaguara), Helada (Alianza), La Calera (Alianza); y terminar con Extinción (Alfaguara) .

12. El teatro. Está casi todo editado en Hiru. Recomiendo especialmente Heldenplatz (Plaza de los héroes), Immanuel Kant y los dramolettes.

13. La poesía. No es lo mejor, pero se lee bien: In hora mortis (DVD), Bajo el hierro de la luna (DVD) y Ave Virgilio (Península). [(2014) En La Uña Rota se ha publicado en un volumen único, espléndido, Así en la tierra como en el infierno. Los locos. Los reclusos. Ave Virgilio].

14. Y, por último, unos libros más sobre Bernhard, con entrevistas y declaraciones: Tinieblas (Gedisa) y Conversaciones con Thomas Bernhard, por Kurt Hofmann (Anagrama). El Thomas Bernhard. Una biografía (Siruela) de Miguel Sáenz no vale gran cosa, aunque tiene valor informativo. No así las traducciones de Miguel Sáenz (todas las aquí citadas, menos Los comebarato), que son inmejorables.

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Pero para abrir boca, nada mejor que el comienzo de Helada:

Al fin y al cabo, un período de prácticas no consiste sólo en asistir a operaciones de intestino complicadas, abrir peritoneos, grapar lóbulos pulmonares y serrar pies, no consiste sólo realmente en cerrarles los ojos a los muertos y en sacar niños al mundo. Un período de prácticas no es sólo eso: arrojar por encima del hombro a un cubo esmaltado piernas y brazos enteros o serrados por la mitad. Tampoco consiste en desplazarse continuamente de un lado a otro detrás del Jefe y del Ayudante y del ayudante del Ayudante, en estar a la cola en la visita médica. Tampoco puede consistir un período de prácticas únicamente en tratar de hacer creer hechos falsos, en decir: "El pus se le disolverá sencillamente en la sangre y usted se curará". Ni en cientos de otras mentiras. No sólo en decir: "¡Ya se le pasará!"... cuando nada se le va a pasar. Un período de prácticas no es, al fin y al cabo, sólo un lugar para aprender a cortar y coser, hacer ligaduras y aguantar. Un período de prácticas tiene que contar también con hechos y posibilidades extracorporales.