17.6.08

Poder filosófico

Ya tengo un filósofo para mi madurez (¡mi demorada madurez!): Spinoza. Hoy, día de San Ismael, llamadme spinozista... Es un autor que siempre ha estado ahí, y al que siempre he mirado con simpatía, pero es ahora cuando le ha llegado el momento. En realidad, pareció haberle llegado hace cuatro años, cuando metí la cabeza en un par de libros; pero al final la saqué, hasta la semana pasada. Esta vez he empezado con el repaso de varios manuales de bachillerato, diccionarios e historias de la filosofía. Y después me he leído tres obritas introductorias y el prólogo de Vidal Peña a su traducción de la Ética: la combinación ha sido buena, porque cada texto pone el acento en algo diferente. Carl Gebhardt resalta en su Spinoza (Losada) el afán religioso del filósofo, y habla de su filosofía en tanto religión filosófica. Felip Lorda, en Conocer Spinoza y su obra (Dopesa), sigue la moda de considerarlo el precursor del materialismo dialéctico. Una moda, por cierto, ya pasada: el libro de Gebhardt (de 1934) me ha parecido más vivo que el de Lorda (de 1980); aunque los dos están bien. En el tercero, La felicidad según Spinoza (Tándem), Maite Larrauri hace una presentación de su filosofía que funciona como un inesperado manual de autoayuda, bastante digno. Por su parte, el prólogo de Vidal Peña a la Ética (Alianza) es un impecable ensayito de treinta y dos páginas, con pasajes profundos (¡y cosquilleantes!) como estos que quiero darme el gusto de copiar:

La más alta realidad, la realidad por antonomasia (la substancia, que no depende de nada) es, en el fondo, absoluta pluralidad e indeterminación: ninguna realidad determinada constituye su esencia, ya que los atributos —infinitos— no admiten jerarquía de importancia; nosotros conocemos dos (Pensamiento y Extensión) pero el concepto de Dios no se agota en ellos: nunca se insistirá bastante en que, para Spinoza, lo infinito desconocido es tan relevante para el concepto de Dios como lo conocido: privilegiar el Pensamiento, o la Extensión, o los dos, es falsear la noción que Spinoza ofrece de la substancia.
[...]
Como la virtud es potencia, se sigue también que el mundo "ético" de Spinoza permanezca muy alejado del cristiano: así, ni la humildad ni el arrepentimiento —por ejemplo— son considerados virtudes, pues son sólo conocimientos de la impotencia, esto es, conocimiento inadecuado. El consuelo que la lectura de la Ética pueda deparar va unido, en todo caso, a la idea de que también la moral es un hecho, y que ninguna conducta moral (incluida la racional, es decir, aquella que evalúa correctamente las utilidades y el juego de causas y efectos) puede prosperar si ella misma no se desarrolla como una fuerza con independencia de los "buenos sentimientos".
[...]
Spinoza remata su Ética poniendo en lo más alto el amor intelectual hacia Dios; alguien ha dicho, elocuentemente, que esa ascensión en el camino de perfección no tiene nada de subida al monte Carmelo. Ese Dios al que se ama —intelectualmente— no puede amarnos; el amor a la Naturaleza será siempre, para quien sabe que ella nos ignora, un amor no correspondido, y Spinoza habría entendido difícilmente el sentimentalismo ecologista, nutrido de esperanzas en la benevolencia de esa infinita potencia inconsciente. Conocer a Dios, entonces, no es refugiarse en el regazo del premio por nuestros sacrificios, ni esperar que el futuro traiga la cancelación de toda alienación, sino "permanecer muy consciente de sí y de las cosas", sabiendo que la salvación no está en otro mundo, ni en un mundo mejor, sino en lo que hay.
[...]
Podrá ser muy explicable que, en nuestro tiempo, el pensamiento de Spinoza resulte antipático (e incluso podrían buscarse explicaciones, más o menos psicoanalíticas, para esa complacencia en la antipática dureza), pero, con independencia de que pueda haber aún gentes que aprecien esa lucidez irreductible al halago, no parece correcto tergiversar ese pensamiento para volverlo simpático.

En fin, ya me iré leyendo más cositas (incluidas las obras del propio Spinoza, por supuesto). ¡Esto no ha hecho más que empezar!