31.5.08

En brazos de Calipso

Purita felicidad la canción "Porto Alegre" del nuevo disco de Adriana Calcanhotto. Para escuchar una ráfaga, pueden entrar en la web de la artista, esperar un momentín a que se ponga el listado de canciones y pinchar en ella. Los demás temas son también magníficos. El disco entero es magnífico. Hace ya años que Adriana Calcanhotto es mi favorita absoluta: la que más escucho, aquella cuyos discos desgasto. El flechazo fue en la primavera del 2000, tras mi primer viaje a Río de Janeiro. En los noventa había escuchado con mucho gusto sus dos primeros discos, Enguiço y Senhas. Los escuché bastante, de hecho; pero no me convirtieron a Adriana Calcanhoto (entonces firmaba así) en una indiscutible. La prueba es que, en aquel viaje, al ver sus dos discos que desconocía, A fábrica do poema y Marítmo, compré sólo uno. Es decir: por entonces aún podía no comprarme un disco de Adriana Calcanhotto. Recuerdo que me encontraba en el Shopping Rio Sul. Me alejé de la tienda de discos, visité la librería, recorrí otros locales... Pero algo me hizo regresar a por él. Después, en España, comprendí que no me hubiera perdonado no comprarlo. Escuché A fábrica do poema y Marítmo incesantemente aquella primavera, aquel verano, aquel otoño, aquel invierno. Me convertí en apóstol calcanhottista. A continuación vinieron, cada uno mejor que el anterior, Público, Cantada y ahora Maré. (Más el divertimento intercalado de Adriana Partimpim.) Horas de música. Siestas; sueños; caminatas con los cascos por los paseos marítimos de Málaga y Torremolinos; indolencias en la playa; viajes en el Talgo 200 de Málaga a Madrid; autobuses de Torremolinos a Málaga y de Madrid a San Sebastián de los Reyes y a Aravaca; paseos por el templo de Debod, los Jardines de Sabatini, el Viaducto, la Latina... Creo que Cantada es el disco que más he escuchado en mi vida (junto con, quizá, el Songbook de Noel Rosa); pero no todas las canciones siempre, sino la mayoría de las veces una selección que me hice en una cinta y que funcionaba a la perfección: "Programa", "Justo agora", Pelos ares", "Eu espero", "Calor", "Sobre a tarde", "Depois de ter você", "Sou sua", "Sou seu", "Se tudo pode acontecer". La penúltima y la antepenúltima, así como "Porto Alegre", son composiciones de Péricles Cavalcanti, que es otro craque.

27.5.08

Verde, azul y amarillo



Ayer compuse, sin premeditación, la bandera de Brasil. Empecé un moleskine verde. Leí Amarillo, de Félix Romeo. Escuché sin parar Maré, el disco azul de Adriana Calcanhotto. (Y encontré, en blanco, esta entrevista con el autor de Bossa Nova.)

26.5.08

El aprendiz al sol (3)

Ésta es una prueba más de que el monte que sube el aprendiz al sol es el Ventoux, aunque ya quedó lo suficientemente demostrado con los logotipos. Cristina, por cierto, me mandó hace poco este textículo de Juan José Arreola (se titula "Ciclismo" y pertenece a Palindroma):

Se me rompió el corazón en la trepada al Monte Ventoux y pedaleo más allá de la meta ilusoria. Ahora pregunto desde lo eterno en el hombre: ¿Cómo puedo emplear con ventaja los tres segundos que logré descontar a mi más inmediato perseguidor?

Y justo ahora que tengo puesto por vez primera Maré, el nuevo disco de Adriana Calcanhotto, escucho estos versos: E a montanha insiste em ficar lá/ parada.

20.5.08

Bossa Nova



Ya está disponible mi traducción al español de Bossa Nova. La historia y las historias (originalmente: Chega de saudade. A história e as histórias da Bossa Nova), de Ruy Castro, editada por Turner. El libro incluye ciento treinta y seis fotografías en blanco y negro; y un desplegable a color con sesenta portadas de discos y cuatro imágenes más por una cara, y por la otra planos de Copacabana, Ipanema y São Paulo con la indicación de los locales clave de la bossa nova. Este es el índice:

Introducción y agradecimientos

Prólogo: Juazeiro, 1948

PRIMERA PARTE: EL GRAN SUEÑO
I. Los sonidos que salían del sótano
II. La cosa arde en Tiendas Murray
III. La guerra de los conjuntos vocales
IV. La montaña, el sol, el mar
V. Zona Sur llena de 'blues'
VI. La pandilla
VII. En busca del ego perdido
VIII. La llegada de la 'batida'
IX. Un minuto y cincuenta y nueve segundos que lo cambiaron todo
X. Desafinado

SEGUNDA PARTE: EL GRAN DÍA FESTIVO
XI. La bossa nova va a la escuela
XII. Puesta en escena
XIII. El amor, la sonrisa y la flor
XIV. Es sal, es sol, es sur
XV. Bossa nova en venta
XVI. La chica de Ipanema
XVII. El lametón a la manzana
XVIII. La flor armada
XIX. Puente aéreo
XX. La diáspora
XXI. El mundo como salida

Epílogo: Qué fue de ellos

Discografía: eterna mientras dure
Bibliografía
Ilustraciones
Índice de nombres, discos y canciones.

16.5.08

Un Chevrolet en el Ventoux

Un Chevrolet en el Mont Ventoux: como si el mismísimo Álvaro de Campos hubiese llegado a la cima (sin dar una pedalada, of course). Sus versos famosos podrían retocarse así: "Al volante de un Chevrolet por la carretera del Ventoux... Por la carretera del Ventoux, cada vez más cerca de la cumbre. Por la carretera del Ventoux, cada vez menos cerca de mí." (Y aquí una tormenta de nieve, de este invierno.)

13.5.08

Cuatro libros

Varios lectores me han pedido los títulos de los cuatro libros cuyas líneas iniciales copié aquí el jueves. Estos son, en el mismo orden: Cultivos, Julián Rodríguez (Mondadori); El año del pensamiento mágico, Joan Didion (Global Rhythm); Un hombre de palabra, Imma Monsó (Alfaguara); El ladrón de chicles, Douglas Coupland (El Aleph).

12.5.08

La serie sombría

Lo mejor de Los Soprano es su pesimismo sin contemplaciones. No es maniquea, pero porque no hay buenos: los que parecen serlo, como la insufrible Carmela y casi todas las demás esposas de los mafiosos, simplemente se dan el lujo sentimental de no pensar en los crímenes de los que proviene su estatus. En buena medida, es una serie marxista: muestra las raíces turbias, descarnadamente económicas, de las que brotan las flores superestructurales de la familia, la religión, las tradiciones, los sentimientos. Pero en realidad es más schopenhaueriana que marxista: porque no ofrece esperanza y porque el mal es metafísico y se da de una pieza, sin trucos cristianizantes.

Hoy en día, en la industria cultural, no hay nada equivalente a las grandes series norteamericanas: ni en la literatura, ni en la música, ni en el arte, ni en el cine. Es el top de nuestro tiempo. Quizá porque las series de televisión son las únicas a las que les queda el número suficiente de espectadores. Y porque son la obra de arte total, como nunca logró serlo la ópera: una obra de arte que, además, tiene la ventaja de no estar sólo en manos de los artistas, sino también de los industriales (lo más parecido es la época dorada de Hollywood). La síntesis de Los Soprano es asombrosa. Por una parte, se inserta brillantemente en la tradición de las películas de mafiosos, pero con una vuelta posmoderna: los mafiosos de Los Soprano son mafiosos que ven películas de mafiosos, y hablan de ellas y las imitan. Por otra parte, es una perfecta serie familiar: con elementos de Los Walton, pero también de Los Simpson (Tony tiene mucho de Homer). La frase promocional de las primeras temporadas daba en el clavo al entrelazar los dos aspectos: "Family redefined". O, como se tradujo en España: "Un nuevo concepto de familia".

Como se ha repetido, es una serie adictiva. Todo es perfecto en ella: la interpretación de los actores, los diálogos, las tramas, el rodaje y el montaje de las secuencias, la fotografía, la música, y hasta las referencias filosófico-literarias (¡hay capítulos en que se cita a Nietzsche, a Flaubert, a Yeats!). Los diálogos, como digo, son buenísimos (¡tarantinianos muchas veces, con un carcajeante chisporroteo de incorrecciones políticas!); pero pocas series tienen, también, más silencios y reticencias. Pocas están menos sobre-explicadas ni albergan más elipsis. Otra arriesgada originalidad es su tendencia al anticlímax. Los que hemos trabajado escribiendo guiones de teleseries estamos hartos de la histérica consigna: "¡Que acabe en alto, que acabe en alto!". Los Soprano se la saltan casi sistemáticamente. Las secuencias suelen terminar en un silencio o en una acción anodina; por no hablar de la conclusión de los capítulos, que consiste por lo general en un apagamiento que enlaza con la música de los créditos finales.

El caso es que anoche vi el último episodio y tenía ganas de paladear la serie un poco más, escribiendo sobre ella. Leo ahora que en total son ochenta y seis capítulos. Las cuatro primeras temporadas las vi hace tres años en Madrid. Me estaba mudando y las liquidé en panzadas de muchas horas, con el apartamento desmantelado, lleno de cajas. Y ahora he visto la quinta y la sexta, justo cuando otra mudanza se aproxima.

8.5.08

Avant

El nuevo tren Avant me ha proporcionado ya dos días perfectos, con viajes de ida y vuelta en la jornada. El primero lo hizo Hervás de Córdoba a Málaga, hace tres lunes. Paseamos, comimos en la playa de las Acacias, charlamos largamente. El segundo lo hemos hecho Nadales y yo hoy de Málaga a Sevilla, donde hemos tenido una comida espléndida con Eduardo Jordá, su mujer María José y José Ángel Cilleruelo, que se encontraba en la ciudad para una lectura poética en la Feria del Libro. Yo antes había estado echando un vistazo por allí, pero las compras las terminé haciendo en la Fnac: el disco Prelude de Eumir Deodato y cuatro libros, cuyos títulos iba a anotar, pero ahora, hojeándolos, he decidido que sólo copiaré las primeras líneas de cada uno:

He pasado por el lugar que odio y que me odia. Aquél donde ya no soy feliz, aquel que me hizo feliz.

La vida cambia rápido./ La vida cambia en un instante./ Te sientas a cenar, y la vida que conoces se acaba./ El tema de la autocompasión.// Éstas fueron las primeras palabras que escribí después de que sucediera.

Ya no recuerdo cómo era antes de conocerle. Sólo sé que yo andaba de un lado para otro con mis huevos, en busca de un lugar donde guardarlos todos, porque detestaba la idea de ponerlos en recipientes distintos, de separarlos. Un único cesto, quería yo.

Hace unos años, caí en la cuenta de que todo el mundo a partir de una cierta edad sueña más o menos constantemente con una vía de escape a su vida. Ya no quieren ser los mismos. Quieren largarse.

Había otros cuantos que pretendía comprar (llevaba una lista), pero no los encontré.