Purgatorio
Purgatorio
Leo poquísimo ahora, pero si leo, leo a Houellebecq o Céline (los poemas de Houellebecq, la novela de Céline; el ensayo sobre el nihilismo me lo he dejado para más adelante). Amanecen días grises, he empezado a trabajar (¡me gusta trabajar!) y por la noche, cuando el cerebro ya está hecho cisco, me meto en el gimnasio. Estoy débil, pero me fortaleceré. He sacado mi viejo curso de inglés y tengo dos series, en fila, para irme impregnando del idioma: Retorno a Brideshead y Arriba y abajo (en inglés, con subtítulos en inglés). Me vi Roma completa la semana pasada; después, con mono de romanos, puse el Julio César de Shakespeare (por Mankiewicz) y me aburrió: la HBO ha superado a Shakespeare, sentencié. (El discurso de Marco Antonio, por cierto, lo escuché a la vez que Obama daba su discurso.) Me registré en Facebook hace unos meses y he venido admitiendo a todos los contactos que me lo solicitaban, pero realmente nunca he estado en Facebook. El sábado los borré a todos y ahora aparece: "José Antonio Montano no tiene amigos". En cuanto al blog: los expertos dicen que ya es una moda pasada.
