27.2.09

El ciudadano del mazo

Me gusta esa denominación: "el ciudadano del mazo". No el hombre, ni el tipo, ni el tío: el ciudadano. En La emboscadura he vuelto a encontrarme con la concepción de Jünger: los derechos no son algo que se nos otorga graciosamente, sino algo que conquistamos y defendemos. Aquí lo que hay es una relación de fuerzas; y la ley, en todo caso, es la cristalización del respeto que nos hemos ganado machacándoles el chabolo a los nazis, con la maza. Habla Jünger:

Vamos a suponer que en una ciudad, en un Estado, sigue viviendo un cierto número, por pequeño que sea, de hombres realmente libres. Si eso ocurriera, la violación de la Constitución iría acompañada de un gran riesgo. En este sentido cabría apoyar la teoría de la culpabilidad colectiva: la posibilidad de conculcar los derechos está en relación directamente proporcional a la libertad con que tropieza. En la antigua Islandia, por ejemplo, hubiera sido imposible un ataque a la inviolabilidad y aun santidad del domicilio en las formas en que ocurrió, como mera medida administrativa, en el Berlín de 1933, en medio de una población de millones de almas. Merece ser citado, como excepción honrosa, el caso de un joven socialdemócrata que en el pasillo de su apartamento abatió a tiros a media docena de los denominados "policías auxiliares". Aquel hombre continuaba siendo partícipe de la libertad sustancial, de la antigua libertad germánica que sus adversarios ensalzaban en teoría. Naturalmente, el mencionado joven no habría aprendido eso en el programa de su partido. En todo caso no era de aquéllos de quienes dice Léon Bloy que salen corriendo en busca del abogado mientras su madre está siendo violada.

En el supuesto de que hubiera sido posible contar en cada una de las calles de Berlín con uno de esos casos, con uno solo, de otra manera habrían ido las cosas. Los períodos prolongados de calma favorecen ciertas ilusiones ópticas. Una de ellas es la suposición de que la inviolabilidad del domicilio se funda en la Constitución, se encuentra asegurada por ella. En realidad la inviolabilidad del domicilio se basa en el padre de familia que aparece en la puerta de la casa acompañado de sus hijos y empuñando un hacha.
El terrorismo y la coacción nazionalista existen por dos motivos principales. Primero, porque "nuestros padres mintieron", como escribió Juaristi. Segundo, porque escasean los ciudadanos como el del mazo.