17.2.09

Inspiración para leer

El tiempo cambiante me hace cambiar a mí también. Nadie está más sujeto que yo al clima: me alteran los meteoros. Dejo el gimnasio y vuelvo al yoga; retomo el ciclismo. Titubeo con mis proyectos literarios. A veces abandono un paseo a los pocos minutos de salir; otras lo prolongo durante horas. Cada día es, a su vez, una turbulencia: con sus brochazos de la mañana a la tarde, de la tarde a la noche, de la noche a la mañana... Un continuo desangrarse: un zarandeo indecente. Llevo meses con muy poca paciencia, sin casi poderme concentrar. Una sensación perpetua de estar fuera. Deambulo. He descartado el libro de Céline. Aprovecho que he empezado La Hermandad de la Buena Suerte, de Savater, para saltar de caballo: de la Vida de Samuel Johnson a los Ensayos de Montaigne, dos tochos similares. El Viaje al fin de la noche y el libro de Boswell los estaba disfrutando: pero algo se agosta. Ya volveré a ellos. Con Bernhard estuve mucho tiempo así, merodeando, hasta que me atrapó. Contra lo que algunos piensan, soy un mal lector. Con los libros que no me gustan, sencillamente no puedo; y con los que me gustan, debo esperar el momento adecuado. Soy un lector perezoso, esquivo, fácilmente derrotable. Siempre he necesitado inspiración para leer.