5.6.09

Asimetrías y simetrías del 11-M


Ilustraciones: Errabundo

La idea de este artículo (que expondré sin desarrollo: en sus alambres) se me ocurrió hace meses. Entonces el 11-M había desaparecido de las portadas; ahora vuelve a ellas. Me da igual, porque no voy a hablar del atentado, sino de lo que pasó después: un después que abarcó toda la legislatura siguiente y se prolonga hasta nuestros días. La política española está empuercada, y en buena medida se debe a aquel nefasto momento inaugural. La masacre puso en evidencia el sectarismo ramplón en que llevábamos ya bastante tiempo instalados: cuando la Izquierda y la Derecha debieron dar lo mejor, lo que hicieron fue dar lo peor. Aquellas bombas también reventaron los disimulos: desde entonces la Izquierda y la Derecha van con las tripas fuera, atufando. (Empleo Izquierda y Derecha como términos alegóricos: entiéndase por ellos a los dos grandes polos políticos del país, compuestos por sus respectivos partidos, medios periodísticos afines y electorado devoto.)

Mi tesis (¡mi hipótesis!) es que lo ocurrido a partir del 11-M estuvo gobernado por una suerte de “demonio estructural”. Como en las viejas teorías estructuralistas, fue la “dinámica de la estructura” lo que imperó sobre los individuos y lo que, de algún modo, les dictó sus conductas. No por ello dejaron de ser inicuos. Hay un verso de José Moreno Villa que considero de perfecta aplicación para el caso: “He descubierto en la simetría la raíz de mucha iniquidad”.

Hasta el momento del atentado, la situación era de un equilibrio tenso: polarizada, pero sin que se sobrepasaran ciertos límites. El atentado destruyó ese equilibrio. El hecho de que se produjese a tres días de las elecciones, lo cargó de significado político. Se sabía qué beneficiaba electoralmente a cada cual: a la Derecha, que la culpable hubiera sido ETA; a la Izquierda, que el terrorismo islamista. Cada una de estas opciones iba asociada, sórdida metáfora, a un explosivo: Titadine o Goma 2 Eco. Por decirlo con crudeza: la Derecha quería que hubiera sido Titadine; la Izquierda, que Goma 2 Eco. Reconocido eso, pudieron haberse comportado con nobleza y haberse estado quietas. No fue así: cada una hizo lo que pudo por imponer, marrulleramente, la opción que le beneficiaba.

Aquí se rompe la simetría. Debido a la diferente posición de cada una, la Derecha y la Izquierda tenían un modo diferente de maniobrar en favor de sus opciones. A la Derecha, en el poder y con responsabilidades institucionales, prácticamente lo único que le cabía era manejar la información. Y lo hizo en tanto le fue posible. A la Izquierda, en la oposición, la acción que le cabía era más potente, y también más sucia. Consistía en responsabilizar del atentado a la Derecha: en llamarla, como se hizo explícitamente, asesina. El mensaje caló. Y la Izquierda ganó las elecciones.

La nueva legislatura se inició, pues, con una asimetría brutal. Con la Izquierda en el poder, a raíz de una jugada sucia; y con la Derecha fuera del poder, y acusada de asesina. Creo que la legislatura 2004-2008 se comprende bien si se la observa bajo este prisma: su eje fueron los movimientos estructurales por la restauración de la simetría.

Desde la Derecha, por medio de la llamada teoría conspiranoica. Los conspiranoicos no lo dicen explícitamente, pero lo insinúan; yo no soy político ni periodista, así que puedo verbalizar lo que se calla tras las insinuaciones: que la que estuvo detrás del atentado fue la Izquierda. De este modo la Derecha pretende restablecer la simetría: devolviéndole a la Izquierda la acusación de asesina. (Como anotación al margen, merece la pena observar la significativa inversión que se da de la hegeliana “lucha a muerte”: aquí la autoafirmación no se busca mediante el asesinato del rival, sino mediante la acusación de que el rival es un asesino.)

Desde la Izquierda, la simetría se intenta restablecer, paradójicamente, por medio de una huida hacia delante. La legitimidad del poder de la Izquierda dependía, en último extremo, de la perversidad de la Derecha. Por eso durante toda la legislatura se insistió sin respiro en ello. La demonización de la Derecha, su aislamiento y exclusión, fue el modo que la Izquierda tuvo para saldar su propia asimetría.