Estrategia fracasada
Detesto esa costumbre (¡esa manía!) que hay ahora entre muchas escritoras (¡y cada vez entre más escritores!) de omitir la fecha de nacimiento en las solapas de sus libros. Menudo coñazo. Se trata de una coquetería literariamente delictiva: primero, porque entorpece la contextualización biográfica, histórica y generacional de la obra; y segundo, porque ese gesto arroja la sospecha nefasta de que la autora parece dispuesta a darnos gato por liebre también en lo demás. Una autora que borra su edad no está en la literatura (¡ese arte del tiempo!), sino en otra cosa. Pero conmigo les fracasa la estrategia. Para empezar, yo tales libros ni me los leo; y además, en venganza, gusto de echarles a esas autoras (¡apoyándome en la foto de la solapa, que no quitan ni a tiros: para eso sí están!) muchísimos más años de los que seguramente tienen. ¡Que lo sepan nuestras falsas jóvenes!
