15.2.10

Lunes maximalista

Es una lástima no poderme ver a mí mismo con la nitidez con la que veo ya a los demás. Me vendría de perlas poder calarme a mí mismo así.

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Sobre todo, es gracioso detectar el tic de otra persona; cómo reacciona siempre igual ante determinado estímulo. A partir de entonces, la vemos como un triste autómata, al menos en esos gestos. Ya disponemos de sus hilos de marioneta y, siempre que lo deseamos, levanta el brazo o lo que corresponda. Para nada: sólo para divertirnos. (Diversión que flota, naturalmente, sobre la melancolía de fondo.)

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Sí, hay gente a la que se la cala en lo esencial. Sobre todo, cuando lo esencial en ella es una gran mentira. La gente que vive en una gran mentira resulta supercalable. La que no, no tanto: porque suele ser más compleja e imprevisible.