6.3.10

La mala suerte de Johnny Alf

Ha muerto Johnny Alf, nombre artístico de Alfredo José da Silva. Había nacido en 1929 y fue, quizás, el gran precursor de la bossa nova: de su piano salieron primero las innovaciones que desembocarían en el movimiento. Pero tuvo mala suerte: cuando ya lo había dejado todo listo para que la bossa nova explotase en Río, se mudó a São Paulo. Su nombre, por eso, permaneció en la sombra durante los años dorados. Aunque luego se le fue recuperando y reconociendo como se merecía. Para los aficionados sin demasiada erudición, Johnny Alf era apenas el nombre que firmaba una de las canciones más bellas de la música brasileña: "Eu e a brisa" (cuyas interpretaciones de João Gilberto —aquí—, Tim Maia y Caetano Veloso —abajo— acompañan este post, a modo de homenaje). Pero en el libro que traduje, Bossa Nova. La historia y las historias, Ruy Castro contaba, entre las otras, la historia de Johnny Alf. Copio algunos pasajes:

En cuanto a Johnny Alf, con veinte años entonces [1949], era él quien necesitaba un piano. En comparación con otros socios [del Sinatra-Farney Fan Club], al joven Alf —en realidad, Alfredo José da Silva— se le podía considerar pobre. Su padre era un cabo del Ejército al que movilizaron para luchar en la Revolución de 1932 y murió en combate en el valle del Paraíba, cuando él tenía tres años. Su madre, empleada doméstica, fue atrabajar a Tijuca en una casa de buena familia, y se llevó a Alfredo con ella. La señora de la casa, a la que le gustaba la música, se encariñó con el chico y lo matriculó en el IBEU, que fue donde le pusieron el mote, y le hizo estudiar piano clásico con la profesora Geni Bálsamo. Pero Alf, como tenía que compartir el instrumento con los demás miembros de la familia, se pasaba más horas escuchando los discos del King Cole Trio o del pianista inglés George Shearing que practicando. Cuando supo que en el Sinatra-Farney había un piano libre la mayor parte del tiempo, venció su impresionante timidez y se apuntó. Fue fácil aceptarlo: bastó con que Alf abriese el piano y recorriese el teclado con sus dedos durante quince segundos.
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Alf era [en 1954] el pianista de la boîte del hotel Plaza, en la avenida Princesa Isabel de Copacabana. Tocaba sus propias composiciones, como "Rapaz de bem", "Céu e mar", "Estamos sós" y "É só olhar", que tenía de tiempo atrás y que iban a ser las hermanas mayores de la futura bossa nova. Alf tocaba también todo tipo de temas de jazz que hubieran llegado a Río con el sello de George Shearing o Lennie Tristano; y algunas cosas de los cantantes y músicos que peregrinaban para escucharlo: Tom Jobim, João Donato, João Gilberto, Lúcio Alves, Dick Farney, Dolores Duran, Ed Lincoln, Paulo Moura, Baden Powell y una bandada de chiquillos que apenas tenían edad para frecuentar boîtes, como Luizinho Eça, Carlinhos Lyra, Sylvinha Telles, Candinho, Durval Ferreira y Maurício Einhorn. Los más jóvenes lo admiraban porque tocaba "por cifra", cosa infrecuente en la época. / ¿Quiere esto decir que Johnny Alf había alcanzado el éxito? No. El Plaza tenía mala fama y no lo frecuentaba casi nadie, pero para los músicos modernos de 1954 era el lugar, porque a falta de clientes podían tocar lo que quisieran.
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lo que explica que aquellos muchachos lo siguieran como los ratones al flautista de Hamelín. / En los dos años siguientes intentaron acompañar a Johnny Alf por las sucesivas boîtes en las que trabajaba, pero a veces lo contrataban en sitios un poco caros para el bolsillo del grupo, como el Monte Carlo, en Gávea, o el propio Clube da Chave. Hasta que Alf regresó a Leme, comenzando por el Mandarim, en la calle Gustavo Sampaio; más tarde el Drink, en la misma Princesa Isabel; para terminar cruzando la calle y estableciéndose en el Plaza, en 1954. Con tantos talentos jóvenes reunidos, casi todas las osadías rítmicas y armónicas que desembocarían en la bossa nova se incubaban ya en aquellas madrugadas perdidas en la boîte. Milton Banana, que tocaba música para bailar en el Drink de Djalma Ferreira, al otro extremo de la calle, aprovechaba sus descansos para ir a tocar con ellos.
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durante más de un año, hasta mediados de 1955, se cocinaron allí los experimentos que en breve darían resultado. Pero justo cuando el plato estaba ya casi listo para servir, Johnny Alf aceptó la oferta del empresario de la noche de São Paulo, Heraldo Funaro, y se mudó a esa ciudad para inaugurar un local llamado Baiúca. / Sus jóvenes discípulos cariocas se sintieron súbitamente huérfanos, porque São Paulo, en aquel tiempo, parecía más remoto que el Congo Belga. Pero en São Paulo pagaban mejor que en Río. Convencidos de que Alf no volvería jamás, los chicos tuvieron que empezar a apañárselas por su cuenta.

Puede verse también un documental sobre Johnny Alf: Um rapaz de bem (en dos partes: una y dos).