8.5.10

Correspondencias

Esta noche he tenido un sueño que me ha dejado tocado, triste. No lo puedo revelar, pero sí decir que en él se mencionaba el nombre de un individuo apellidado Gonzaga. No conozco a ningún Gonzaga; ni conozco a nadie que conozca a ningún Gonzaga. En San Luis Gonzaga no me he fijado nunca, salvo por algo relacionado con James Joyce que ahora no recuerdo. El único Gonzaga en el que me he detenido ha sido el músico brasileño Luiz Gonzaga, y en su hijo Gonzaguinha; aunque menos de lo que me he detenido en otros músicos brasileños. Me he despertado y he corrido a mi escritorio a anotar el último diálogo, que era en el que aparecía ese Gonzaga. Luego he introducido el apellido en Google. Nada me ha servido de indicación, salvo los colores del blasón de la familia. Esas franjas amarillas y negras que son las mismas que las de los postes del Mont Ventoux y las del faro de Puerto Marina, en Benalmádena, frente al hotel La Barracuda:



Es mi mitología particular, hipnótica y sin explicación. Imanta el mundo, pero no lo ilumina.

* * *
(9.5.10) Me entero de que la fiesta de San Luis Gonzaga se celebra el día en que suele comenzar el verano: el 21 de junio. Además, viendo un capítulo de The Wire me he fijado en la bandera de Baltimore.

(20.6.14) En una foto de mi librería favorita de Río de Janeiro, la Livraria da Travessa, en la rua Visconde de Pirajá, de Ipanema, veo que al lado hay un garaje con franjas negras y amarillas en la pared: