15.5.10

Soliloquio del farero



Me han venido los versos del poema de Cernuda: "Cómo llenarte, soledad, / sino contigo misma". Andaba estos días regresando a la literatura española: Santa Teresa, Cervantes, Góngora, La Celestina, Clarín, Garcilaso... Al menos algo digno hemos tenido por encima de este suelo tan desagradable. Y aquí ando yo, a ver qué hago. Leo en un artículo tristísimo esto de una mujer que después no hizo nada: "Tengo que realizar algo bueno, malo o regular, pero realizarlo". ¡Oh, mi puesta en abismo! ¿Será posible que esto vaya a seguir así? Mi tiempo es terracota, me dedico sólo a pulverizar terrones. Pero hay un presentimiento de alegría futura. Una alegría también escénica: como voy tarde, no corro el riesgo de que mi biografía se termine antes que mi vida. Lo cierto es que tenía claves que he perdido, y que no puedo utilizar con las nuevas que he averiguado. Mi situación es la de esa calma chicha de La línea de sombra. Me he metido en el laberinto más insidioso, el del desierto. Y entonces el poema de Cernuda me ha hecho recordar que no necesito compañía: "Tú, verdad solitaria, / transparente pasión, mi soledad de siempre, / eres inmenso abrazo".