1.6.10

La muerte en Poe (1)

Con la excusa de la Feria del Libro voy a ofrecer completo, en nueve entradas, mi ensayito "La muerte en Poe", publicado en el volumen colectivo Misterio e imaginación: Edgar Allan Poe, de la literatura al cine (Cedma-Universidad de Málaga-Festival de Cine Fantástico), del que ya di noticia aquí. La estructura del artículo es la siguiente:

1. La muerte en su vida.
2. La muerte en su pensamiento.
3. La muerte en su obra.
Coda: Contra el Poe de Corman.
Antes hay una cita y unas palabras preliminares, que es por lo que empiezo hoy. Les confesaré que una de las gracias de este artículo –que, por lo demás, me resultó un tanto penoso de escribir– fue el empleo de las notas al pie, bibliográficas, un recurso que no es de mi predilección pero en el que aquí me apliqué para no desentonar en el carnaval universitario.

* * *
LA MUERTE EN POE
Vibrante en las espadas y en la pasión
y dormida en la hiedra,
sólo la vida existe.
El espacio y el tiempo son formas suyas,
son instrumentos mágicos del alma,
y cuando ésta se apague,
se apagarán con ella el espacio, el tiempo y la muerte,
como al cesar la luz
caduca el simulacro de los espejos
que ya la tarde fue apagando.


Jorge Luis Borges, “La Recoleta”,
Fervor de Buenos Aires.

De las diversas ordenaciones que conozco de los relatos de Edgar Allan Poe (1809-1849), la más poderosa me parece la de Julio Cortázar. No atiende a criterios cronológicos, sino sólo literarios: de calidad, tema y parentesco; y con un gusto en la coherencia de la sucesión. El resultado es decididamente jerárquico: de los dos volúmenes en que los presenta Alianza Editorial, el primero está compuesto, en su totalidad, por obras maestras. El segundo también resulta interesante, porque nos ofrece otras voces, otros intentos, otros Poes posibles: vías muertas, junto con imperfecciones fecundas y enriquecedoras. Pero no se puede comparar con el primero, cuyo nivel de excelencia es absoluto (excelencia que se ve beneficiada en español por la propia traducción de Cortázar).

La plasmación de ese tomo despeja y refuerza el potencial de Poe. Leerlo es un ejercicio de admiración: sus relatos no sólo no han envejecido, sino que se siguen contando entre los más modernos. No contienen ni un gramo de grasa, ni albergan tontería alguna: son inteligentes, elegantes; precisos, matizados, originales, imaginativos. Es por ellos por lo que resulta pertinente el juicio de Paul Valéry de que Poe es un escritor impecable y que no se equivoca nunca (1). En efecto: en los relatos de ese primer tomo, Poe es un escritor impecable y no se equivoca nunca. Pues bien: un elemento común de todos ellos, y que está casi ausente de los del segundo (con unas pocas excepciones, y en tono menor) es la muerte. Los buenos relatos de Poe gravitan invariablemente en torno a la muerte; y lo mismo ocurre con sus mejores poemas, con la Narración de Arthur Gordon Pym y hasta con Eureka. La inspiración de Poe parece necesitar a la muerte para dar lo mejor de sí: su arte es un arte tanático.

En este artículo trataré de mostrarlo, del modo más bien impresionista a que me obliga la extensión recomendada. Repasaré la presencia de la muerte en la vida, en el pensamiento y en la obra de Poe; y añadiré una coda relacionada con la ocasión que nos convoca.

__________
(1) MARTÍN, Félix, “Introducción”, en POE, Edgar Allan, Relatos, edición de Félix Martín, Madrid, Cátedra, 2009, p. 11.

[Sigue: La muerte en Poe (2)]