23.6.10

Vivo y coleando

Qué tristes son, en el fondo, los entierros oficiales. Vienen a ser la muestra de que el escritor llevaba un tiempo enterrándose a sí mismo. La vacuidad del político (¡o la política!) en su discurso fúnebre es un eco de la vacuidad que ya habitaba al autor. Pero hay excepciones: Borges, Jünger, Cioran, Bernhard, Salinger. Se fueron limpios, sin su Nobel. Lo cual, en el caso de Bernhard, nos privó del relato que hubiera hecho en Mis premios. A la lista hay que añadir Nicanor Parra, que a los noventa y cinco sigue vivo y coleando. Estos días, cuando los titulares cursis y pomposos, mi amigo Josepepe me mandó este artículo de Ignacio Echevarría en El Mercurio de Chile. Ah, qué refrescante en el contexto:

¿No es Parra ese que, con ocasión de recibir honores, pronuncia unos resbaladizos discursos en los que no queda muy claro si se está burlando de los patrocinadores del evento, de la situación misma o de qué, además de hacerlo de sí mismo?
De Parra me gustó mucho lo poco que leí, dos libros editados en España: Poemas y antipoemas (Cátedra) y Chistes para desorientar a la poesía (Visor). Pero ya va siendo hora de leer más, de leerlo todo.