Un agujero especial
En el capítulo 5 de la cuarta temporada de Mad Men, la hija de Draper confiesa que ya sabe cómo se tienen los niños: "El papá hace pipí dentro de la mamá". Caliente, caliente, princesita. A su edad yo andaba más despistado. Pensaba que se tenían sólo porque papá y mamá dormían juntos. Se casaban, se acostaban cada noche y por la mera frecuentación la mujer se quedaba embarazada. Es curioso, pero quizá por ese enaltecimiento de las propiedades fecundadoras del tálamo –o del sueño à deux– me gustaban tanto las escenas de cama de los McMillan (que no eran de sexo sino de conversación; de carantoñas como mucho). Encontraba que en la expresión "cama de matrimonio" ya estaba contenido todo. Y, para mi mente infantil, no hacía falta más...
Luego el niño va entreviendo que los adultos hacen guarrerías. La idea que yo me formé era particularmente marrana: el hombre metía su apéndice de mear en el agujero de mear de la mujer. Era una guarrería pura, a la que no le adivinaba ningún beneficio. Una vez, regresando a casa desde el colegio, lo estuve hablando con mi compañero Maldonado. Me obsesionaba una idea: ¿y qué pasa si a la mujer le entran ganas de orinar? (Obsérvese que aquí el joven Montano coincide con la joven Draper: da por hecho que, si las ganas le vinieran al hombre, lo haría sin más; al fin y al cabo tenía dónde hacerlo.) Fue entonces cuando Maldonado me descubrió un mundo: "Anda ya, si las mujeres tienen un agujero especial para eso". Un agujero especial. De pronto aparecía ahí un detalle fisiológico que a mí no me constaba. La presencia de un hueco. Como si las mujeres hubieran llevado todo el rato un estuche escondido, sin que yo me hubiera dado cuenta.
El otro día pasé por la esquina de la revelación y la fotografié. Tiene su gracia –y su simbolismo–lo que allí hay ahora: una oficina de Mapfre (¡el respaldo!), semáforos, carril bici, el balcón de un piso que se alquila, un centro bucal "para niños y adultos"...
