18.1.11

El laurel de Petrarca

De las amenas, aunque atildadas, conferencias de Francisco Rico sobre Petrarca en la Fundación Juan March, me quedo con lo que contó (en la primera) del laurel. Cuando Petrarca lo recibió, en su coronación como poeta de 1341, a sus treinta y seis años, no había escrito nada destacable. Lo obtuvo por sus influencias, por sus intrigas. Esa fue la razón, no sus méritos: el propio Dante no lo había conseguido. Sin duda lo hizo para que su vida rimase con el símbolo de Laura, que extenuaría después en el Cancionero. Pero entonces, según Rico, ante esa conciencia de la vanidad de los honores, fue cuando Petrarca cambió de rumbo. Puede decirse que el balance de su vida fue el merecimiento del laurel. En su posteridad lo hemos visto siempre laureado, y no rechinaba la imagen. Fue su esfuerzo. Como en la famosa anécdota de Gertrude Stein, se quiso parecer a su retrato. Por otra parte, según escribió Borges al final de su "Emma Zunz", lo fundamental es auténtico, solo hay que reordenar un par de circunstancias.