¿Qué fue de nosotros?
Jorge Sanz siempre me ha dado un poco igual y a David Trueba lo he tenido entre mis (semi)detestados. Me puse a ver ¿Qué fue de Jorge Sanz? por morbo, por echar un rato tontorrón. Pero resulta que es una serie estupenda, deliciosa. Es fresca, está bien hecha, es inteligente, tierna, triste: funciona. Se da eso tan difícil en nuestras filmaciones: la naturalidad. De los seis capítulos, flojea el último; pero los otros cinco son redondos. Las historias son sencillas, sin alardes, con trucos (deliberados) de tebeo. Al principio parece que va a ser un poco impúdica, pero no traspasa el límite. Sanz acepta ser retratado como un perdedor al que todo le sale mal, que envejece, que vivió mejores tiempos, que anda con dificultades. Y esa aceptación es noble, le da grandeza. De pronto nos reconforta que aparezca alguien ironizando sobre sí mismo; y que lo haga no con sarcasmo, sino con dulzura, con suavidad agridulce. Algo insólito en España. Esa actitud se contagia, milagrosamente, a los demás actores que salen con sus nombres: Resines, Galiardo, Larrañaga, Segura, hasta Botto... Se refleja muy bien el mundillo del cine, sus conversaciones, en un tono de comedia melancólica. En cierto sentido, ¿Qué fue de Jorge Sanz? viene a ser una actualización de El viaje a ninguna parte de Fernán Gómez. Se cuenta la vida precaria de los actores. Y se cuenta la decadencia. Esta serie es saludable porque Jorge Sanz se toma con humor su decadencia y, de paso, la de todos nosotros.
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Hay dos elementos sensacionales que no he mencionado: el actor Eduardo Antuña, que hace de representante de Sanz; y la música de la serie, que es la que se suena en el vídeo de arriba. Para más detalles, recomiendo la entrada de Alberto Rey en su blog.
