13.5.11

Woody en primavera

Otra costumbre se ha perdido: la de la tarde otoñal con Woody. El año pasado ya estrenaron su película a finales de agosto, y esta vez en plena primavera. Nada hay más enojoso que el que a los rituales les muevan la estación. Como cuando pasaron la Vuelta a septiembre, provocando que sus bicicletas no fuesen inaugurales sino crepusculares. Antes el encanto de la Vuelta era ese: las bicicletas despertaban (para el gran público) tras su letargo invernal. No había figuras, pero había ganas de bicis. Ahora es una carrera apagada. El Giro, por su lado, era un calmante entre la Vuelta y el Tour. (La muerte del pobre Weylandt ha sido una muerte que, por fechas, le hubiera correspondido a la Vuelta...). Del Tour me he acordado al comienzo de Midnight in Paris, durante la sucesión de imágenes de postal que preceden a los títulos de crédito. Yo había llegado deprisa y desasosegado, pero esa belleza me calmó. Luego vino la historia, de la que no voy a contar nada: solo que fluye, que se pasa con levedad, que deja un poso agridulce (como siempre con Woody: su logro de siempre). Sí contaré el chiste que tengo que contar. El gran Owen Wilson se encuentra con T. S. Eliot y le dice: "En el sitio del que vengo miden la vida con cucharillas de coca". Hay varios chistes así: culturetas, deliciosos. En cierto momento me di cuenta de que una desconocida se reía con los mismos que yo. Era como de cuento de hadas, o de película de Woody Allen. No quise verla, así que salí antes de que encendieran las luces.