El arco de mi exclamación
Leo la cortesía de Jabois en El Mundo y aprovecho para trazar el arco de mi exclamación, o de mi relación con las exclamaciones. Empezó con la parada en seco en plena adolescencia, a causa del prólogo de Martínez Sarrión a su traducción de Las flores del mal:
La cordura y los cuaresmales tiempos que corren, aconsejaban quitar oropel y desmesura gestual. La versión se ha pretendido guiada por la naturalidad y el tono quiere ser, en gran medida, el coloquial a que nos tiene acostumbrados la mejor poesía actual. Ésta es la razón por la que el curioso lector podrá comprobar, entre otras licencias, la poda de tantos signos de admiración.Hasta aquel momento, yo nunca los había puesto en entredicho; desde aquel momento, me fue imposible usarlos, o digerirlos en otros. Salvo en la moda que hubo de ponerlos a la inglesa, es decir, dejando solo el de cierre (en que Gil de Biedma era maestro). Pero Bernhard los rehabilitó, con un propósito ya no romántico sino humorístico, que es un logro más difícil de lo que parece (logro de Bernhard, claro está, no de quienes le seguimos). El pasaje exacto es de Corrección y lo copié aquí.
* * *
(3.12) ¡Más cortesías! De Marcel Gascón y otra de Jabois.
