La invasión de los unos
La tendencia más estólida, y la más dañina, es la de depositar en la política cosas que a la política no le corresponde. La felicidad, ciertas reparaciones íntimas y, sobre todo, la propia identidad. Buena parte de nuestros males (¡el sectarismo!) proviene de esa consideración del voto como algo identitario. Yo voto esto porque soy esto, y al votarlo afirmo mi identidad: como en los sistemas metafísicos, se desprecia las circunstancias. Es un avance democrático que haya pluralidad de votantes identitarios; pero tal votante, en sí mismo, es una especie de unidad hitleriana que debería democratizarse (pluralizarse) por dentro.
Contra los anhelos de la identidad política y la utopía, que también tiene que ver con el anhelo de la millonada del sorteo de hoy, día en que nos invaden los unos, conviene recordar este pasaje de Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar:
Cuando hayamos aliviado lo mejor posible las servidumbres inútiles y evitado las desgracias innecesarias, siempre tendremos, para mantener tensas las virtudes heroicas del hombre, la larga serie de males verdaderos, la muerte, la vejez, las enfermedades incurables, el amor no comprendido, la amistad rechazada o vendida, la mediocridad de una vida menos vasta que nuestros proyectos y más opaca que nuestros sueños –todas las desdichas causadas por la naturaleza divina de las cosas.
