21.1.12

Baja velocidad

El caso es que, desde que llegó el Ave a Málaga, he tenido que volver al autobús. Antes estaba el Talgo 200 y yo era feliz con aquel tren. El viaje a Madrid duraba poco más de cuatro horas y daba tiempo para todo: para leer, para ver la película, para tomarse un café en el bar, para divagar con los paisajes. Todo en la medida justa: incluso el precio, perfecto en relación con el servicio. El Ave redujo a la mitad el tiempo, pero triplicó la tarifa. La consecuencia es que, con la alta velocidad, mis viajes a Madrid son más lentos y penosos: duran dos horas más, en un asiento más incómodo, con traqueteo y curvas y sin la posibilidad de leer, porque me mareo.