18.1.12

Sucia grandeza

He empezado el año tapando huecos: después de la Odisea leí el Ulises y ahora me he puesto con las tragedias de Esquilo. Este 2012 va a ser una mierda, pero mis lecturas no.

¿Qué decir del Ulises? Se ha escrito ya mucho y no voy a reseñar la novela. Pero sí consignar lo que me ha entusiasmado: esa zambullida en lo material; incluyendo en lo material las palabras, las ideas incluso. El magma íntegro, en torrente. Quizá la recurrencia más sintomática sea la de Leopold Bloom por saber si las estatuas griegas tienen agujero en el culo. Y eso hace Joyce con su libro: abrirle un agujero en el culo al mármol de la Literatura. Así lo convierte en carne: con todos sus flujos y pulsiones; sus oscuridades, sus luces. El Ulises es un libro sucio y grande: es una suerte de irrupción medieval en plena modernidad. Destaco del prólogo del traductor Valverde este comentario de Harry Levin: "en el caso de Ulises no existe el tradicional dilema entre la literatura como tranche de vie y la literatura como art pour l'art". En efecto, se trata de un arte montado en la vida: una copulación (o un refriegue), con todo su aparato fisiológico.

* * *
Ferré tiene dos espléndidos artículos sobre el Ulises: "Bloomsday (1)" y "Bloomsday (2)". Estoy de acuerdo con lo que dice en ellos, salvo en los toques utópicos, de estirpe hegeliana; yo, nietzscheano, no creo que haya resolución: solo tragedia, herida abierta –aunque, por supuesto, ratificada con el Sí. En cuanto a la gran/diosa Molly Bloom, yo no me la imagino como esa Kathy Acker, sino como Chubby Blondy (¡Chubby Bloom!). Lo mejor del Ulises es que es una guarrada: una gamberrada espectacular.