21.2.12

El fuego del poeta

Leo en el diario de Juan Malpartida una descripción detallada del incendio que se produjo en la casa de Octavio Paz, en diciembre de 1996. Aquí llegó en su día la noticia, pero yo ignoraba que hubiese sido tan grave. Me fijo ahora en esta frase del periódico: "El escritor mexicano [...] tuvo dificultades para escapar del incendio debido a la flebitis que padece". Malpartida lo dice más claro: Paz tenía puesta una sonda y tuvieron que sacarlo con ella. No se recuperó ya del golpe, su habitual gesto sosegado se le contrajo y murió un año y cuatro meses después.

Me he quedado pensando en el fuego, en el uso poético del fuego. Todo poeta lo ha mencionado profusamente en sus versos, y el propio Paz llegó a ponerle a una selección de su obra El fuego de cada día. El poema que le dedicó Luis Cernuda, "Limbo", termina: "Mejor la destrucción, el fuego". También me he acordado de esta anécdota que le sucedió al final de su vida a otro amigo de Paz (y del fuego), André Breton, según la cuenta el biógrafo Polizzotti:

Esta posteridad no era ilusión ni vanagloria, pues la posición del propio Breton, particularmente entre los jóvenes, era mayor que nunca... aun si a veces se manifestara en formas perversas. Uno de los homenajes más curiosos que se le hicieron durante este periodo ocurrió en enero de 1963, cuando unos jóvenes poetas (drogados, afirmaría Breton) se deslizaron dentro del 42 de la rue Fontaine a mitad de la noche y trataron de quemar la puerta de su departamento: muestra de afecto que habría sido cómica de no ser por el hecho de que los tubos de gas estaban justamente detrás de la pared y por pura buena fortuna no estalló todo el lugar. Después de este incidente, Breton quitó su nombre de la puerta e instaló un candado más grande.