3.5.12

Contra los almidonados

Ahora estoy en fase cervantina: terminé de leer (¡de releer!) el Quijote y me he puesto con las Novelas ejemplares. ¿Qué decir sin caer en el ridículo, sin repetir lo ya dicho mil veces? Lo dejaré en una exclamación: ¡qué gustazo! Y en que emociona la parte de tragedia griega en la biografía: un país triturando a un hombre para exprimirle su zumo, que resulta ser dulce. Cervantes tiene orgullo y tiene tics, pero sobre todo tiene (¡y aquí repito!) amor a la libertad. Pienso también en los días madrileños en que el Quijote estaba a medio escribir: los papeles en la mesa o en el cajón, y los ruidos por la calle, ruidos de principios del siglo XVII. Hay que dinamizar los pensamientos. Todo estuvo por hacer entonces. Todo sigue estando por hacer. (Aunque da igual que no se haga.)

Al final del prólogo de las Novelas ejemplares Cervantes pide "paciencia para llevar bien el mal que han de decir de mí más de cuatro sotiles y almidonados". Sigue habiendo almidonados y muchos se dicen cervantinos. En los días en que yo terminaba el Quijote vino a recoger el Cervantes el nieto de Nicanor Parra, mientras el premiado se mantenía ajeno a todo almidonamiento. Aunque este puede ser en ocasiones, todo hay que decirlo, un buen disfraz en el que emboscarse. A tal propósito recuerdo un aforismo de Nietzsche que, visto ahora, es plenamente cervantino:

Un oficio es algo bueno: lo interponemos entre nosotros y los demás y así tenemos un escondite tranquilo y artero y podemos hacer y decir lo que todo el mundo considera que tiene derecho a aguardar de nosotros. También puede utilizarse de ese modo una fama precoz: presuponiendo que, detrás de ella, pueda nuestro yo, sin que se lo oiga, volver a jugar libremente consigo y a reírse de sí mismo.
"Jugar libremente consigo y reírse de sí mismo" sería lo cervantino (¡y montaigneano!) ahí. Pero divago. También estoy volviendo a escuchar las cuatro admirables conferencias sobre Cervantes de Francisco Márquez Villanueva. Ya hablé de él (y de ellas) en su día; pero han cambiado el formato de los enlaces en la Fundación y se han volado. Vuelvo a enlazarlas aquí, de una en una:
1. Cervantes, libertador literario.
2. La cultura del Cervantes pensador.
3. El mundo moral de las novelas ejemplares.
4. El testamento literario de Cervantes.
Hoy en el desayuno (y saboreando con él la mañana, "que depara la ilusión de un principio") me tocaba el final de la segunda. Y tiene su encanto. Gracias a los podcasts puede uno contraprogramar las tertulias radiofónicas, y meterse en sosegadas reflexiones como las de esa conferencia que digo –a partir del minuto 38:30 (aprox.)– sobre los beneficios (¡biológicos!) del entretenimiento.