Una camisa planchada
Me prohíbo leer prensa española, pero un procedimiento que he encontrado para no desligarme del todo es echarle un vistazo a El País in English. Ahí es donde veo que "Minister blames spike in Spain’s risk premium on Greece’s political problems", que "Andalusia and Catalonia announce new cuts to curtail deficits", o que "Ex-Balearics party baroness goes on trial for embezzlement". Con eso voy más que servido y en lo demás déjenme, tururú. El País in English se hace en España, pero el idioma produce el efecto que yo busco, que es el de que se ha hecho "en el extranjero". Es como si uno se sacase un ojo con la mano y se mirase con él desde ahí, desde fuera. Como si lo que pasa en España me lo contara Gibraltar.
El artículo de hoy ha sido el de Juan Cruz a la muerte de Carlos Fuentes. Leyendo sobre su energía y su voluntad ("his iron will", "the stamina of an athlete", "his physical strength", "his literary force", "his discipline") me acuerdo de por qué nunca me he aproximado a Carlos Fuentes. Admiro esos alardes, naturalmente; pero como ya están en Vargas Llosa, que es al que sigo, otro más de esa gama me producía saturación (en el propio Vargas Llosa me saturan). Mi propio ejemplo (mi caso) no es recomendable en absoluto (yo me he pasado en la dirección contraria); pero una dosis controlada de inutilidad segrega una materia, un aroma, que es el que a mí me gusta en la literatura. Me parece que hay dos modos de ser moderno: el fáustico y el melancólico. Fuentes y Vargas Llosa son fáusticos (como Ferré, admirador de Fuentes), y en sus páginas jamás encontraré esos vencimientos que hay en Chéjov, en Leopardi, en Baudelaire, en Bernhard o en Pessoa.
El inglés, por otra parte, permite asociaciones que en español no hubieran sido posibles. Esta vez ha sido ese "his iron will", que encuentra un involuntario eco al final del artículo con "one of those impeccably ironed white shirts". Eso quizá sea la voluntad: una camisa planchada (blanca e impecable).
