9.6.12

Extranjero

Para quienes no vivimos bajo el radio de acción directo de los nacionalistas, ese “foco achicharrante” del que hablaba Arcadi Espada, sus monsergas casi se han extinguido con la crisis. Ellos siguen, pero nosotros no les hacemos caso. Tenemos cosas más importantes en las que pensar; es decir, tenemos cosas importantes en las que pensar. Sin embargo, el otro día leí en Twitter (¡últimamente todo pasa en Twitter!) una ristra de catetadas nacionalistas que me volvieron a poner enfermo. Y me recordaron que los nacionalistas son lo más lamentable intelectual y estéticamente que tenemos en España. Una rémora que nos hace perder el tiempo en estupideces como las de este artículo.

Las catetadas se referían esta vez al Primavera Sound, el festival de música indie que tuvo lugar la semana pasada en Barcelona. Copio una muestra (omitiendo autores):

Senyors del #PrimaveraSound: a Catalunya les coses van així. I si no us agrada, calavera, pinta i la ratlla al mig.

què vols d’un festival que patrocina una cervessa amb nom espanyol i d’orígen filipí #primaverasound #SanMiguel

Com subvencionar música estrangera i ignorar la catalana, la nostra cultura.

Com cada any el més típic del #primaverasound és l’odi anticatalà dels pseudogrogrers postmoderns que l’organitzen amb subvencions catalanes

autoodi disfressat de modernor. tot un clàssic...
La explosión tuvo lugar –he sabido luego– después de que uno de los directores del festival, Gabi Ruiz, llamara retarded (retrasado) y retirara la acreditación al crítico Jordi Bianciotto, que había lamentado el poco énfasis catalanista del Primavera Sound. Represalias como las de retirar la acreditación al que critica son, por supuesto, absolutamente improcedentes; y, aunque el festival rectificó, ahí se queda la mancha. Pero más allá de esto, lo que me interesa es el tufo retrógrado, netamente franquista, de los citados tuits. Tufo que también exhalaba el artículo de Bianciotto en cuestión, algo más articulado y matizado, pero retrógrado también. Por este artículo he llegado a otro de Xavier Bru de Sala en el que se acuña la expresión, celebrada por Bianciotto, de “cosmopolitismo excluyente”.

¡Cosmopolitismo excluyente! ¡Qué maravilla! Teniendo en cuenta que el nacionalismo es, por usar otra expresión frecuentada por Espada, “un achique de espacios”, lo que teme Bru de Sala es que lo excluyan del corral y lo encierren en el ancho mundo. Los nacionalistas siempre se lo ponen fácil al columnista: con una transparencia abrumadora, lo que Bru de Sala reivindica frente al “cosmopolitismo excluyente” son nada menos que los trajes regionales. Se ve que en Cataluña una cosa es ser indie y otra independentista. Los primeros deben ir sabiendo qué tipo de festivales alternativos al Primavera Sound les tienen preparados los segundos. Algo así como esta especie de Sardana Sound que describe Bru de Sala: “en Amposta hacen una fiesta solo para ampostinos que consiste en pasear por la calle, al atardecer, ataviados a la antigua usanza y dar vueltas por una feria de productos artesanos y oficios que no se han perdido”. Anhelo que se complementa a la perfección con aquel bucolismo sin internet con que soñaba Otegui en La pelota vasca...

Ha dado la casualidad de que estos días he regresado a un viejo disco de Caetano Veloso, Estrangeiro. Y he vuelto a pensar en cómo la música brasileña me salvó la vida. Precisamente porque me convertía en extranjero: me sacaba del tostón ambiente y me llevaba a un sitio por el que corría el aire.

[Publicado en Jot Down]