8.8.12

Ventilador

Mi verano es, desde hace unos años, el ventilador, el vientecito del ventilador, el zumbidito del ventilador. El aire acondicionado no me gusta pero el ventilador lo adoro. Así que me paso las horas con el ventilador, en el escritorio con el ventilador, en la cama con el ventilador. Del escritorio a la cama, y de la cama al escritorio, voy con el ventilador como el enfermo con su suero. No se me ve por el pasillo jamás solo: siempre con el ventilador. Al acostarme dejo la desconexión programada y me duermo antes que el ventilador. Y por la mañana lo primero que hago es encender el ventilador. El día me llega en forma de vientecito y de zumbidito. Mi desayuno consiste antes que nada en el ventilador. Y cuando me doy un paseo, la brisa de la calle, el paseo marítimo y el descampado me recuerda a la del ventilador. Como si mi ventilador andara suelto. Como si mi ventilador fuera mi perrito que llevo a todos lados. Mi mascota de viento, el ventilador. Y a veces sentado, mientras el ordenador se enciende, en esos segundos de espera, me viene el aire de que estoy en otro sitio, de que el aquí se va con el viento, gracias al ventilador.