10.11.12

Un atardecer en Ibiza

La primavera de 2004 la pasé en Ibiza, no por fiesta sino por trabajo; aunque también hubo su fiesta. Pasaron muchas cosas, y en realidad no pasó ninguna (o solo una, esencial). Algún día escribiré sobre aquellos meses, que ya se van quedando lejos. Ayer volvió una tarde. Cuatro amigos, Guardado, Téllez, Bassave y yo, tomamos un jeep y fuimos a ver la puesta de sol frente al islote de Es Vedrá, a veinte kilómetros desde el hotel. Mi recuerdo es de charla y risas, del aire en la cara, del cielo encima, limpio, mientras nos desplazábamos. Había una carreterita para bajar a la playa, que era adonde pensábamos ir, pero decidimos quedarnos arriba, en una explanada de tierra y matojos que terminaba en un acantilado. Aún quedaba un rato para que el sol se pusiera, y seguimos charlando y riendo. Pero, cuando llegó el momento, me quise retirar. Encendí un purito y me fui cerca del borde. Asistí al atardecer yo solo, con mi emoción privada. Recuerdo, sí, melancolía; una suspensión triste. Aunque en cuanto el sol se puso, me volví hacia mis amigos y aplaudimos todos, histriónicamente. Desde nuestra llegada a Ibiza habíamos hecho muchas bromas sobre los aplausos que le prodigaban al atardecer los pijipis del Café del Mar, en San Antonio. Y nos pusimos a imitarlos. Cursis con guasa, y también con felicidad.

Que existía esa foto lo supe más tarde. Me la hizo Guardado sin que yo me diera cuenta. Es la única foto mía que hay de Ibiza. Solo la había visto una vez, en 2007. Y anoche Guardado me la envió.