5.3.13

El titiritero transversal

Durante la pasada gala de los Goya hubo un momento memorable. No en la gala, claro está, sino fuera de ella. Ocurrió en Twitter, que es donde suelen ocurrir últimamente las cosas. El momento fue cuando alguien del equipo de Las aventuras de Tadeo Jones le dedicó un premio al presidente de Intereconomía, Julio Ariza, cuyo nombre sonaba rarísimo en aquel ambiente: casi como si se mentara a Satán. Entonces José María Albert de Paco exclamó, quiero decir, tuiteó: “¡Titiriteros de derechas!”.

Me estuve partiendo de risa toda la noche, y eso que es evidente que hay titiriteros de derechas, como Arturo Fernández, el fallecido Pepe Sancho o, a nivel internacional, Clint Eastwood (espero que Clint no se entere de que le llamo titiritero). Pero después de la diversión, o quizá todavía en ella, caí en que tenemos un caso peculiar entre nosotros: Toni Cantó. El cual, como es diputado de UPyD, el partido transversal, podría ser caracterizado como titiritero transversal.

Yo, que soy también bastante transversal (o, más propiamente, como tengo ahí puesto, desclasado), suelo estar de acuerdo con el contenido de sus intervenciones. Aunque no tanto con su sintaxis argumentativa. Y, ya que hablamos de un actor, he de decir que no me gusta cómo las interpreta. No termino de verlo como un político, sino como un actor español (¡con lo que es eso!) interpretando a un político. Un político, casi diría yo, de teleserie española (¡con lo que es eso!). Predomina una falta de credibilidad, debida al tono. Él que, por estar en UPyD, resulta bastante heterodoxo en nuestro contexto actoral, padece, sin embargo, el lastre de ser, fatalmente, un actor español.

La semana pasada además metió la pata en Twitter –que es también donde se suele meter ahora la pata– con el ya tristemente célebre: “La mayor parte de las denuncias por violencia de género son falsas”. El tuit suscitó reacciones impresentables; pero en sí mismo era impresentable. Es un error que Rosa Díez se haya quejado de lo primero sin lamentarse suficientemente de lo segundo. Ha sido un movimiento de autocomplacencia y camuflaje muy propio de los partidos que suele criticar.

Uno de los aspectos saludables de UPyD es su empeño en pinchar ciertas burbujas ideológicas (ciertos anquilosamientos) de nuestra vida pública, de manera que salgan del apriorismo en el que se han instalado (en el que se han petrificado) para que entren en el debate. A propósito de la “violencia de género” se dan, ciertamente, tergiversaciones ideológicas que conforman una de esas burbujas. Pero la manera de combatirlas es hilando fino, no soltando burradas. Hay que huir del estilo titiritero.

[Publicado en Zoom News]