6.6.13

Abertzalismo shaolín

Ahora sí empiezo a creerme que la paz ha llegado al País Vasco, que se respira otro aire. Es cierto que ha sido con ocasión de un crimen y una brutal paliza (por el momento), pero, como suele ocurrir en las ciudades, se ha tratado de un simple asunto delictivo: sin pizca de respaldo social. La Ertzaintza ha detenido al sospechoso y no había ciudadanos increpándola, ni interponiéndose. Incluso fue avisada por algunos de ellos.

Y eso que el asesino compartía características con los que durante lustros han contado con simpatías y complicidades: se reclamaba heredero de una tradición milenaria, surgida entre montañas; había cambiado su nombre castellano, Juan, por otro que sonaba más acorde con su universo de creencias, Huang; su discurso estaba hecho de abstracciones inasibles a la razón, que emitía en tono sacerdotal; era tratado con respeto (y sin carcajadas) en programas de televisión aparetemente serios; se grababa vídeos con sus entrenamientos en parajes de algún país comunista; tenía una especie de herriko taberna donde se prometía un paraíso primitivo, el Océano de la Tranquilidad; y era, en fin, muy aficionado a un determinado tipo de folclor, con rituales, danzas y nuntxakus...

Sin embargo, esta vez no ha contado con un partido como HB Bildu que diga que se trata de un preso político; ni siquiera, como escribía ayer Santiago González en El Mundo, de un “preso religioso”. Ni ha salido nadie reclamando que los crímenes haya que contextualizarlos en conflicto alguno. Ni tiene como correligionarios a alcaldes, concejales y diputados. Ni han salido emotivas manifestaciones con su retrato como estandarte. Ni parece que Julio Medem vaya a acercarse a nadie de su entorno para filmar cómo explica sus razones. Además, el que llame asesino al asesino no será acusado de facha o españolista, ni tendrá que llevar escolta para evitar que le maten otros como él. Es cierto que en Deia quieren presumir de que solo hay un “único precedente vasco de asesino múltiple” (no ha buscado lo suficiente en sitios como la antigua Comisión de Derechos Humanos de su parlamento autonómico). Pero, para compensar, el Ayuntamiento de Bilbao pide esta vez que la población sea “activa” en su oposición a la violencia.

Todo, como se ve, saludablemente normal. Lo que no es normal era lo otro.

[Publicado en Zoom News]