17.6.13

Una oda de Ricardo Reis

1. Las correcciones

He hecho un descubrimiento pessoano, que me deja tres impresiones. La primera, la emoción personal de haberlo hecho. La segunda, la extrañeza (el estupor) ante el descuido que implicaría por parte de los editores de Pessoa hasta hoy. La tercera, la inseguridad acerca de que el descubrimiento haya sido solo mío, e incluso de que sea en realidad un descubrimiento. Quisiera evitarme el ridículo de alzar los brazos como el ciclista que, llegando segundo, cree haber llegado primero; por ignorancia de lo que ocurrió antes en la meta. Yo no sé qué ocurrió antes en esta meta: solo sé que, cuando yo he llegado, no he visto a nadie. Aunque también guardo la reserva de que esto sea en verdad una meta. No he podido acceder a todas las ediciones, ni sé si los estudiosos estaban ya al tanto y simplemente lo habían descartado por alguna razón. Considérese este artículo un esbozo recreativo y no riguroso de filología casera.

Esto de la filología casera es posible ahora por los archivos digitalizados. Los aficionados disponemos ya en casa de un material impresionante. El de Fernando Pessoa es una maravilla. Esta semana se ha cumplido el 125 aniversario de su nacimiento, que fue el 13 de junio de 1888. Se han añadido cosas preciosas, como este álbum de recortes de prensa relativos al autor. Pero los enlaces importantes son los de la Casa Fernando Pessoa; los del Espólio Fernando Pessoa, de la Biblioteca Nacional de Portugal; y los del Arquivo Pessoa, en el que se encuentran disponibles todos los textos pessoanos editados hasta 1997. Fue curioseando por estos sitios como hice el descubrimiento.

Una de las joyitas de la Casa Fernando Pessoa es que tiene la biblioteca particular del poeta digitalizada. Uno puede consultar las obras que Pessoa poseía, tanto por los autores como por los títulos. Además de mirar las listas, puede pinchar y bajarse una copia del ejemplar en cuestión. No avanzaré ninguno, para permitirle al lector sus propias sorpresas (la más inmediata: ver qué autores españoles tenía). Mi hallazgo lo hice en su ejemplar de la revista Athena. Se trata de un tomo con los cinco números que salieron de la revista encuadernados. Athena fue una publicación mensual, dirigida por Fernando Pessoa y Ruy Vaz, que se publicó en Lisboa entre octubre de 1924 y febrero de 1925. Por el índice (en las páginas 313 y 314 del volumen), podemos ver las numerosas colaboraciones de Pessoa, tanto del ortónimo como de los heterónimos Ricardo Reis, Álvaro de Campos y Alberto Caeiro; además, el propio Pessoa traduce del inglés los textos publicados de Poe (entre ellos “El cuervo”), Walter Pater y O. Henry.

Pues bien, bastantes de los poemas de los que es autor Pessoa (los firmados con su nombre y los de Reis y Caeiro; de Campos solo se publican aquí prosas) llevan correcciones manuscritas que no están incorporadas a las ediciones que he podido consultar. Estas ediciones son las de las Odas de Ricardo Reis (versión de Ángel Campos Pámpano, Pre-Textos, Valencia, 1995); la antología poética Un corazón de nadie (traducción, selección y prólogo de Ángel Campos Pámpano, Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, Barcelona, 2001); y Poesía I. Los poemas de Alberto Caeiro 1 (edición de Juan Barja y Juana Inarejos, Abada, Madrid, 2011). Las tres son bilingües y están tomadas de las siguientes ediciones portuguesas: Texto Crítico das Odes de Fernando Pessoa-Ricardo Reis (Tradição impressa revista e inéditos) (edición de Silvia Bélkior, Imprensa Nacional-Casa da Moeda, Lisboa, 1988); Poemas de Ricardo Reis. Edição Crítica de Fernando Pessoa, Volume III (edición de Luiz Fagundes Duarte, Imprensa Nacional-Casa da Moeda, Lisboa, 1994), Poemas Completos de Alberto Caeiro (edición de Teresa Sobral Cunha, Presença/Casa Fernando Pessoa, Lisboa, 1994); Poesia de Ricardo Reis (edición de Manuela Parreira da Silva, Assírio & Alvim, Lisboa, 2000), Obras de Fernando Pessoa I (edición de António Quadros y Dalila Pereira da Costa, Lello & Irmão, Oporto, 1986); Ficções do Interlúdio (edición de Fernando Cabral Martins, Assírio & Alvim, Lisboa, 1998); Poesia de Alberto Caeiro (edición de Fernando Cabral Martins y Richard Zenith, Assírio & Alvim, Lisboa, 1998); así como las Obras Completas de Fernando Pessoa, de sus primeros editores, João Gaspar Simões y Luís de Montalvor, en Ática.

En ninguna de estas ediciones, ni tampoco en la del mencionado Archivo Pessoa, figuran las correcciones que hizo de su mano el autor en su ejemplar de Athena. ¿Las desconocían? ¿O las conocían y las descartaron? Parece más probable lo primero, aunque resulte un descuido llamativo. Según tengo entendido, la editorial Ática está editando de nuevo las obras completas de Pessoa. En el equipo figura el colombiano Jerónimo Pizarro, que ha sido también uno de los responsables de la digitalización de la biblioteca particular del autor. Me imagino que, si un ciclista ha cruzado antes la meta, habrá sido él. Y que en las nuevas ediciones de los poemas de Reis, Caeiro y el Pessoa ortónimo se incorporarán (o se indicarán) esas correcciones.


2. La oda

De entre todas, la que a mí más me interesa es la de la oda VII de Ricardo Reis. Copio en primer lugar la traducción de Ángel Campos Pámpano (que figura en las referidas ediciones de las Odas de Ricardo Reis y Un corazón de nadie):

Pongo en la altiva mente el fijo esfuerzo
.....de la altura, y a la suerte dejo,
.....y a sus leyes, el verso;
que, cuando es alto y regio el pensamiento,
.....súbdita la frase lo busca
.....y el esclavo ritmo lo sirve.
En segundo lugar, la traducción de Ángel Crespo, tomada de su biografía La vida plural de Fernando Pessoa (Seix Barral, Barcelona, 1988):
Pongo en la altiva mente el fijo esfuerzo
.....De la altura, y el verso
.....Dejo a la suerte y a sus leyes;
Que, cuando es alto y regio el pensamiento,
.....Lo busca súbdita la frase
.....Y el esclavo ritmo le sirve.
En tercer lugar, la que viene en la edición española de la biografía escrita por el francés Robert Bréchon, Extraño extranjero (Alianza Editorial, Madrid, 2000). Me imagino que el traductor, Blas Matamoro, la habrá vertido de la traducción francesa, y el resultado es este espanto:
Impongo a mi altivo espíritu la exigencia asidua
de la altura, y al azar y sus leyes
dejo el verso;
porque, cuanto más soberano y alto sea el pensamiento,
sumisa lo busca la frase
y esclavo lo sirve el ritmo.
Las tres traducciones se corresponden con el original que figura, por ejemplo, en el Archivo Pessoa. Pero resulta que, en su ejemplar de Athena, Pessoa corrigió “altiva” por “activa”:



No sé si en algún sitio está corregido, pero yo no lo he visto en ninguno. En Google, por ejemplo, en el momento en que escribo estas líneas (16-VI-2013) aparecen 880 resultados de “Ponho na altiva mente”, por ninguno de “Ponho na activa mente”.

De entre todas las correcciones de Pessoa, esta es especialmente significativa, porque Álvaro de Campos, en su respuesta a Ricardo Reis sobre esta oda, parafrasea sus versos, y en su paráfrasis escribe “activa” y no “altiva”. Exactamente dice: “Que ele ponha na mente activa”. Llama la atención que suela citarse ese pasaje de Campos sin más, sin que se señale ni se comente la diferencia de adjetivos. Ángel Campos Pámpano sí se da cuenta, pero lo que hace es añadir sin explicaciones un paréntesis que no aparece en el original portugués:
Que él ponga en la mente activa (altiva) el esfuerzo sólo de la “altura” (sea esto lo que sea), lo admito, aunque me parezca rigurosa una poesía limitada al escaso espacio propio de las cumbres [...].
Esto me hace deducir que, en efecto, los editores de Pessoa no han conocido estas correcciones. Las otras quizá no sean tan importantes, pero la de esta oda deja un agujerito en el drama em gente, en el diálogo entre los heterónimos. ¿Cómo supo Álvaro de Campos que era “activa”, si salió publicado “altiva”? Aunque cabrían dos opciones. La primera, que Campos hubiera leído una versión manuscrita de Ricardo Reis, o que hubiera sabido de la corrección por este. La segunda, rebuscada pero hermosa, que Álvaro de Campos se equivocara al citar, y que Ricardo Reis, al verlo, corrigiera su propia oda: porque le gustara más, o por homenaje (estoico) a quien le criticaba... Pero surgiría entonces otro problema: ¿cómo corrigió Ricardo Reis, que se encontraba en Río de Janeiro desde 1919, un ejemplar que Pessoa tenía en Lisboa?

En cuanto a mí, la oda VII me llamó la atención en su día porque encontraba un eco en ella del dibujo de Marcel Duchamp del ciclista ético, Avoir l’apprenti dans le soleil, del que tomé el título para mi blog. Esos versos de Reis establecían una conexión entre el ascenso del ciclista y la escritura. Y en este sentido casi resulta más saludable la idea de actividad que la de altivez.

[Publicado en Jot Down]