25.7.13

Franquismo fresco

El columnista es un bateador al que la actualidad no cesa de mandarle pelotas. Yo en Zoom News solo dispongo de dos golpes por semana (martes y jueves, ya saben) y tengo que dejar pasar muchas. Hoy quiero darle a una de hace ocho días; aunque aprovecharé el último párrafo para despachar un par de las presentes. La noticia, por lo demás, se mantiene fresquita, porque está en un refrigerador. Y, cosa extraña en el género, es buena: supone un triunfo (provisional siempre, en este atocinado mundo) de la tolerancia y la libertad.

Me refiero a la desestimación de la demanda que puso la Fundación Francisco Franco contra el artista Eugenio Merino por su obra Always Franco, la que representa al dictador dentro de un frigorífico de Coca-Cola. Es una obra que me enamoró desde que la vi, en los reportajes sobre Arco 2012, porque es al mismo tiempo tierna y cruel, y emite significados para marear a un burro. Tantos, que el propio artista es uno de los burros mareados, como demostró en las declaraciones que hizo en este mismo medio: muy seguidoras de un determinado catecismo (en este caso el antifranquista), y por lo tanto indignas de su arte. Lo que dice Merino es cierto, naturalmente: pero parcial. Su obra es mucho más rica.

Veo en ella, en efecto, una denuncia de “la presencia de Franco en nuestra sociedad, nuestra política, nuestras instituciones y nuestra ley”. Como ejemplifica la persistencia de fundaciones indecentes como la que puso, al cabo, la demanda. Una demanda que dicha Fundación, por cierto, debería hacer extensible al Museo del Ejército. Recuerdo que cuando lo visité exhibían un uniformito de Franco que movía a la risa como no podrá hacerlo ninguna parodia deliberada del dictador. Todo esto es así, pues, pero está muy visto. Si la obra consistiese solo en esto, sería la obra adocenada (sectaria y partidista) que su propio creador percibe, junto con el coro de nuestros Toledos, Garzoncitos, Escolares y Wyomings. Pero yo, como espectador soberano, veo también en ella una crítica a todos estos antifranquistas que mantienen fresco el franquismo en el refrigerador de sus (aprovechadas) fijaciones. Y veo también una dolorosa autoconciencia, por parte de Merino, del arte que no avanza porque está congelado en las obsesiones pasadas; obsesiones que se dispensan en obedientes latitas de refrescos, con una predeterminada ficción de “chispa de la vida” y muy del gusto de esa burguesía que se autopercibe como roja. A propósito de esto último, es imposible no admirar el dardo lanzado por el artista contra Wyoming, que en su día anunció Trinaranjus.

Pero el caso es que sí, que el franquismo pervive. Nuestra democracia es joven e imperfecta, y no ha dado tiempo aún a que se introduzca en los genes, a que se haga hereditaria. A que nos vengan los tics democráticos en la sangre, como nos vienen los franquistas. Con esto tienen que ver las dos menciones que prometí al principio, y que serían un ejemplo de la fecundidad hacia el futuro de Always Franco. El primero sería ese del que ya hemos hablado tanto: la resistencia del presidente Rajoy a comparecer en el Parlamento, un atavismo impresentable, que solo se explica por la inercia franquista del país. Y el segundo, lo que ha pasado en Andalucía. Esas primarias pseudodemocráticas maquinadas por Griñán, y su sustitición sin elecciones en la presidencia de la Junta por Susana Díaz, a la que ya se la conoce como “la Bella Deaso”. Algo que también pasó en la Comunidad de Madrid, cuando Ignacio González sustituyó de la misma manera a Esperanza Aguirre. Siempre Franco, sí, y lo que nos queda. Como no se le vaya la luz al frigorífico.

[Publicado en Zoom News]