4.8.13

Savater-Anasagasti: melancólica conversación

Veo en YouTube aquel programa de Dragó que se emitió en TVE la noche electoral del 14 de marzo de 2004, cuando ganó Zapatero, con Savater y Anasagasti como invitados. Lo inserto aquí, y copio a continuación lo que escribí al día siguiente (15 de marzo) al respecto, con el título que le he puesto al post.



No sé cuántos vieron anoche la charla entre Savater y Anasagasti en el programa de Dragó, pero fue el colofón perfecto para una jornada en que el retorno de los socialistas al poder nos dejó en el ánimo una esperanza reticente. Esperanza porque el país sin duda necesitaba un cambio; reticente porque pesan dos sombras: la del pasado del PSOE y la de la inexperiencia de sus actuales dirigentes. Por otra parte el PP asumió la derrota con elegancia, y el propio Rajoy deberá alegrarse de que se haya visto prolongada en cuatro u ocho años su biografía. Así que la jornada desembocaba en la medianoche con una dulzura imprevista, cuando aparecieron Iñaki Anasagasti y Fernando Savater.

El programa, advirtió Sánchez Dragó, había sido grabado el 20 de febrero, de modo que era una conversación como en el limbo, ajena al estruendo electoral. Savater y Anasagasti fueron compañeros de pupitre en la escuela, aunque la vida y la política los separó después. A pesar de las discrepancias queda entre ellos un juego de medias sonrisas y bromas privadas que resulta verdaderamente entrañable (aunque, claro, produce melancolía recordar que uno de ellos lleva una pistola permanente en el cogote). Dijo Savater que le unían más cosas a una persona en sus antípodas ideológicas, pero con la que compartió la infancia, que a un joven que le diese la razón en todo pero con el que no tuviese esas vivencias en común. Cada uno expresó lo que quería sin dogmatismo, en tono suave; contundente pero al mismo tiempo juguetón. Savater se mostró más razonable que nunca. Anasagasti, que pretendía jugar como siempre al victimismo ("yo soy el indio, Fernando el cowboy"), se vio liberado de pronto de sí mismo, de su pesado rollo, y se comportó con una levedad que no le conocíamos. Pensé entonces que los energúmenos se fabrican mutuamente, y que cuando uno que suele serlo tiene enfrente a alguien que no lo es, él mismo deja de serlo y se convierte en una persona con cierto encanto. En cuanto al tema en sí, Savater dijo lo único que puede decirse, y que todos parecen empeñados en emborronar: que diálogo sí, claro; pero que primero han de crearse las condiciones para que tal diálogo sea posible.

Era ya la una y los espectadores habíamos asistido a algo insólito: un encuentro civilizado en la televisión. Faltaban tres minutos de programa y entonces Dragó la cagó sublimemente. Soltó sin venir a cuento una loa a Aznar que, en vista de los resultados electorales, lo llevarán a la cola del paro junto a Urdaci. Fue muy divertido.