31.12.13

La motosierra

De la Navidad me gustan solo las luces, las mudas luces, y el plus de calidez en los encuentros con los conocidos; esa “costumbre de calor” de que hablaba Jaime Gil de Biedma. El resto (su estética, su música, sus petardos, sus multitudes, sus gastos, sus atracones, sus babas) me produce entre irritación y melancolía.

Entre los motivos de esta última están las felicitaciones que se curran los amigos dedicados a las artes plásticas y al diseño, quienes parecen quemar las naves para que nadie los contrate el año que entra. Por fortuna, no son castigados y siguen facturando. La tarjeta más delictiva de este año es una que representa un árbol de cuyas ramas penden, como frutos, palabras de excelso rollo: Tolerancia, Cultura, Esperanza, Sentimiento, Respeto, Apoyo, Camaradería, Equilibrio... y así hasta treinta y tres (sin duda, una cifra estudiada). Dan ganas de coger la motosierra y podarlas todas.

A mí el pensamiento positivo me deprime, mientras que el negativo me estimula. Con el primero parece que le toman a uno por tonto, o por niño. Ya decía Kant que la Ilustración era la entrada del hombre en la mayoría de edad. Y una de las cosas de las que hay que desprenderse es de ese intento de hacer con las palabras magia simpática. Como si la mera enunciación convocara a la cosa, sin hacer nada efectivo por que la cosa se realice. Algo muy propio, por cierto, de nuestros políticos (socialdemócratas y no). Baste recordar aquellos “brotes verdes”, cuya maceta era la boca de la ministra y su único riego ser mencionados ante los micrófonos. Hoy seguimos teniendo estiércol sin nada.

Para animarse, definitivamente, hay que recurrir a los pesimistas. No para ser tan pesimistas como ellos, sino para que nos saneen el árbol. Ellos son nuestra motosierra. Mi favorito, como el de muchos, es Cioran. Picoteo en un libro suyo –Desgarradura– y encuentro justo lo que necesitaba:

¡Huir de los embaucadores, no proferir jamás un sí!

Imaginar únicamente cosas que nos gustaría rumiar en una tumba.

Todo proyecto es una forma encubierta de esclavitud.

Existir es un plagio.

Ser es estar acorralado.

¿Qué es el dolor? Una sensación que no quiere pasar inadvertida, una sensación ambiciosa.

En el Zoo, todos los animales se comportan decentemente salvo los monos. Se nota que el hombre no anda muy lejos.

Fundar una familia. Creo que me hubiera sido más fácil fundar un imperio.

Ese hombrecillo ciego de apenas unos días que mueve la cabeza en todas las direcciones buscando no se sabe qué; ese cráneo desnudo, esa calvicie original; ese simio ínfimo que durante meses ha residido en una letrina y que, olvidando sus orígenes, pronto escupirá a las galaxias...

Mi misión es matar al tiempo, la suya matarme a mí. Se está perfectamente a gusto entre asesinos.
Y me encuentro también (¡esto sí que es magia simpática!) con el siguiente, sobre nuestro asunto del principio: “Un poeta español me envía una tarjeta de felicitación en la que aparece una rata, símbolo, me dice, de todo lo que podemos esperar del año. De todos los años, podría haber añadido”. Ahora sí puede venir ya el 2014: ¡estamos preparados!

[Publicado en Zoom News]