9.1.14

La edad de oro

Antes de que nos alejemos mucho de 2013 quisiera acordarme de una de sus últimas bajas, la más querida para mí: Germán Coppini. Murió durante la Nochebuena, como mi abuela en 1975. Y también como entonces lo supe al día siguiente. Coppini y mi abuela, extraños emparejamientos. 1975 y ahora. Recuerdo que aquel año se suspendió el ritual de los Reyes y mi padre me llevó a una juguetería. Escogí el madelman de policía montada del Canadá. Era todo muy desangelado, pero en mi memoria destella la casaquita roja.

Murió Franco (se adelantó en un mes y cuatro días a mi abuela) y ocho años después empecé a tararear una canción: "Malos tiempos para la lírica". Por ella, por Golpes Bajos, sintonicé con la Movida. De inmediato me aficioné a los demás grupos (mis favoritos: Derribos Arias, La Mode, Gabinete Caligari, Radio Futura y Alphaville) y seguí los programas de Diario pop de Radio 3 y La Edad de Oro de TVE. Mi profesor de literatura, Ernesto Jiménez, parecía uno de ellos. Aún no estaba arruinado el bachillerato y en 3º de BUP (teníamos 16-17 años) leímos a Baudelaire, Alfred Jarry, Ionesco, Beckett, Cavafis, Boris Vian, Cernuda, Poeta en Nueva York de Lorca y las vanguardias. Había una continuidad entre lo que pasaba en el aula y lo que estaba pasando fuera.

En los primeros años de la universidad ya empezó a extinguirse todo, y hasta hoy. Como probando –en mi biografía– que el instituto fue valioso y la universidad no valía un duro. Los protagonistas de la Movida fueron desapareciendo, en la muerte y en la vida; esta última con dos variantes: el éxito (esa desaparición del que se fue en el que se es) y el olvido. A Coppini le tocó el olvido. Me emociona saber que algunos, como Albert de Paco, lo siguieron acompañando. Yo estoy entre quienes lo enjaularon en su edad de oro, incapaz de ver los brillos posteriores.

Ahora se aprecia el pack que formaron la Transición y la Movida: esta como expresión estética de la primera. E incluso moral: se trataba de hacer uso de la libertad recobrada; de empujarla, por supuesto, hacia el libertinaje. Cuando vuelvo a ver las emisiones de Paloma Chamorro me maravillo de que aquello fuera posible. El inaudito espectáculo de la televisión pública liberando y dándole de respirar a un adolescente. Por la muerte de Coppini, y por refugiarme de los villancicos, he estado repasando la Movida. Me he puesto canciones de Golpes Bajos (mi preferida absoluta es “Escenas olvidadas”) y de otros, he visto el documental de TVE y he consultado hemerotecas. En estas me he encontrado una perlita: el Grupo Popular y Minoría Catalana, nuestros PP y CiU, protestando por La Edad de Oro, que terminó cayendo.

Sí, era necesario empujar la libertad hacia el libertinaje. Básicamente, para zafarse de los papanatas. A la democracia formal había que ponerla a prueba con los contenidos.

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PD. Nunca estuvimos tan cerca como entonces de tomarnos a los nacionalistas como se merecen, como reclaman: a puro pitorreo.

[Publicado en Zoom News]