16.10.14

El proceso mortadelista

En mis tiempos de guionista, cuando nos abandonábamos y un guión caía en lo fácil, con acciones gruesas y chistes baratos, nos advertíamos en el equipo: "¡Cuidado, que se nos va al Mortadelo!". A Artur Mas la historia que está trazando, o emborronando, se le ha ido definitivamente al Mortadelo. Aquello parece ya uno de los gloriosos álbumes de Ibáñez, de la serie Magos del Humor: El sulfato atómico, La máquina del cambiazo, El cochecito leré o El crecepelo infalible (este un guiño al ensaimado capilar Anasagasti, nacionalista hermano).

La cosa es ya tan patética que no puede decirse nada serio sin resultar patético también. Me he acordado del referéndum que un diputado de IU por Málaga, Antonio Romero, montó en su pueblo hace años. Invitaba a se votase (con efecto "no vinculante", eso sí) entre Neoliberalismo y Humanidad. Ganó Humanidad por abrumadora mayoría. Es cierto que no dejaron votar a los animales (ni a los marcianos), pero no hay que ponerse tiquismiquis. Lo mejor fue la sugerencia de Teodoro León Gross desde su columna en el diario Sur: que se hiciera otro en que los electores pudiesen escoger entre Humanidad y un apartamento en Roquetas.

El proceso secesionista siempre ha sido en verdad mortadelista. Ha sido meterse en un follón de tebeo. Y todo para vivir peor que hasta ahora, o con mucha suerte igual. Aparte de Ibáñez, está el elemento Disney, que le ha venido dando un acabado friendly a elementos inequívocamente reaccionarios (como en el propio Disney, por otra parte). La propia elección de la fecha, el 9 de noviembre, aniversario de la Noche de los Cristales Rotos, revela la insensatez con que nuestros nacionalistas están jugando con fuego: hacen sonar sus matasuegras en las heridas apenas remendadas de Europa.

Al final, de la declaración del presidente de la TIA, quiero decir de la Generalitat, se deduce que de lo que se trata ahora el 9-N es de matar el gusanillo. Hacer una escenificación, como cuando los trabucaires. Trajes de época, urnas de cartón, papeletas de guasa y votaciones sin censo ni ley, ni tampoco recuento: como jugar al Monopoli en el patio de Monipodi (por emplear otra agudeza de León Gross). Cataluña será ese día, por obra de quienes dicen amarla, el gran parque temático del simulacro. Un sitio donde podrá verse en directo lo que era la historia de España antes de la Constitución de 1978: una astracanada que, cuando no movía a llanto, movía a risa. Mortadelo y Arturón.

[Publicado en Zoom News]