30.12.14

Pedro Sánchez, colgado

Pedro Sánchez no va y no va. Es que se le ve: no va. Tiene algo que no funciona y ese algo es Pedro Sánchez. Cae bien, pero da lo mismo. Habla como un actor, no del todo bueno. O como un vendedor de enciclopedias que tampoco es bueno del todo. El problema es que la enciclopedia que tiene que vender es él mismo. Pero se vende mal. Y lo peor es que se ve eso: que se vende.

Podemos ha difundido por la atmósfera política una especie de gas que hace que la inconsistencia resalte más que nunca. A mí la verdad es que tampoco los de Podemos me parecen consistentes ("¡a Montano no se la cuelan!", como dice Andrea Mármol, no sin exageración), pero que los otros andan desvanecidísimos es algo incuestionable. Y me preocupa. Mi espíritu institucionalista me hace ver ahora los telediarios a la caza de consistencia –y credibilidad– en Rajoy, en Soraya, en Sánchez, en Díaz... Pero no hay manera: vuelvo con el zurrón vacío. El bipartidismo es hoy un animal cojo de las dos patas. Un bípedo inane.

Se palpa la desesperación y parece que ha llegado la hora de las contorsiones. A Sánchez lo hemos visto en el programa de Cuatro Planeta Calleja, en pleno Día de los Inocentes, escalando una roca vertical y descolgándose por un autogenerador de energía eólica de setenta metros de altura. Entre tanto, iba soltando sus pildoritas políticas, a ver si así entraban. Pero no. Es un problema de guión, de actuación y de todo. El haber ido a un programa así es ya una derrota. Es seguir el proceso de abaratamiento de la política.

No me imagino a ningún elector que haya decidido votar a Sánchez tras verlo colgado. ¿Qué tiene que ver eso con las razones por las que se podría votar a Sánchez? Estas pantomimas son, más bien, razones para no votarlo... Aunque ni siquiera eso: son, como digo, síntomas de que todo está ya básicamente perdido. El PSOE es hoy menos que nunca un autogenerador de energía electoral.

[Publicado en Zoom News]