10.2.15

Lo más guapo

No puede ser que no me despida de Joe Rígoli. ¡No puede ser! Murió hace dos semanas, pero la actualidad no deja sitio para las cosas importantes. Era mi feo favorito, por encima del feo de los Calatrava, cuya fealdad hizo que fuese conocido como "el guapo" su hermano, que era feo también. De niño aprendimos así una primera cuestión comparativa. Pero la fealdad de los hermanos Calatrava era áspera, fatua, daba angustia verlos (al menos me la daba a mí) en sus números interminables. La de Rígoli, en cambio, era acogedora: una fealdad cálida y como imantada. No me cansaba de mirarlo. En su cara siempre estaban pasando cosas.

El caso es que no recuerdo nada que hiciera, solo gestos. Y la famosa frase de Felipito Takatún (nombre con el que aprendimos percusión): "Yo sigo, güeeee". ¡No se puede olvidar, como se olvida habitualmente, ese güeeee! En él concentraba toda su artillería facial y alcanzaba la mueca perfecta: era su do de cara. Pero el que yo no recuerde nada que él hiciera, ni una película, ni una canción, ni siquiera un sketch, pero me acuerde de él quiere decir que fue una presencia, una compañía. La tele nunca ha estado fría para un niño. A Joe Rígoli se le podría aplicar la variación que hizo Juan Cueto de lo del marqués de Bradomín: era feo, catódico y sentimental.

En 2009, en Facebook, empezamos a acordarnos de él unos cuantos, nos fuimos animando y terminamos montando una especie de club de fans de Joe Rígoli. Reconozco que lo hacíamos con algo de cachondeíto, pero también con un cariño latente. Al fin y al cabo, no se nos hubiera ocurrido montar un club de fans de los hermanos Calatrava. Hacíamos chistes, exagerábamos en nuestra exaltación, pero por debajo notábamos su mirada de ojos saltones y su expresión imposible de tierna, con flequillo. Nos vio un argentino de nuestros muros, que dijo tener un amigo común con Rígoli, por lo que la noticia le terminó llegando. Nos contaron que se alegró, y que nos daba las gracias. Según las necrológicas, en aquel 2009 ingresó en la Casa del Teatro de Buenos Aires, una residencia para actores pobres.

Las noticias han venido feísimas estas dos semanas, como suelen venirlo dos semanas que se escojan al azar en nuestro mundo; aunque ahora hay un repunte, porque están en la tele a todas horas los yihadistas (feos tras sus caras tapadas) y los horrorosos de Gran Hermano Vip. El recuerdo de Joe Rígoli ha ido quedándose casi como lo más guapo. Por una simple cuestión comparativa.

[Publicado en Zoom News]