2.6.15

Los alegres comienzos de Ciudadanos

La plasta nacionalista, su carácter abusón e insoportable, se vio una vez más con la pitada al himno español en la final de la Copa del Rey. Un himno es algo antipático por naturaleza: impone rigideces incómodas. En España, tras el empacho franquista, nos hemos tomado nuestro entrañable chunda-chunda con ligereza e ironía. Salvo las autoridades, que deben mantenerse firmes, el himno solemos afrontarlo, cuando nos toca, con una respetuosa resignación, y si es posible haciendo bromitas por lo bajini, o después. Es, al cabo, un trámite corto, sin excesiva presión, llevadero.

La relajación patriótica en que ha vivido España desde que murió el dictador ha sido gloriosa: un lujo que no han podido saborear los catalanes ni los vascos, cuyos merluzos del nuevo nacionalismo corrieron a sustituir a los del anterior (bueno, como señalaba Félix de Azúa en Gente que vive fuera, en no pocas ocasiones se trató de un cambio de bandera por parte de los mismos merluzos). Hoy no es el himno español, sino la pitada antiespañola, la que impone la pomposidad horrísona, obligatoria y opresiva. Pues estamos ante el patético espectáculo de la opresión disfrazada de rebeldía, patrocinada por la sonrisa de conejo del mandamás que debe su puesto (y su sueldo) al Estado que simboliza ese himno.

Contra esta ocupación del espacio público en Cataluña por quienes se arrogan la totalidad siendo solo una parte (y la peor encima), surgió Ciutadans, Ciudadanos. Esta semana se cumplen diez años del manifiesto, firmado por quince intelectuales (7-VI-2005), que daría origen al partido en 2006. Quienes quieran recordar o conocer aquellos comienzos lo tienen fácil, porque la editorial Triacastela ha reeditado tres libros que lo cuentan: Ciudadanos. Sed realistas: decid lo indecible, con textos de, entre otros, Félix de Azúa, Albert Boadella, Francesc de Carreras, Arcadi Espada, Félix Ovejero, Xavier Pericay y Fernando Savater; Viajando con Ciutadans, de mi amigo Jordi Bernal; y La creación de Ciudadanos: un largo camino, de Antonio Robles.

En el primero están los fundamentos intelectuales del partido (incluyendo manifiestos, discursos y otro tipo de documentos); y en el tercero la larga historia previa de resistencia al nacionalismo en Cataluña que desembocó en el manifiesto de 2005, así como todo el proceso de creación de Ciudadanos (incluyendo las divergencias ideológicas y los enfrentamientos personales) y momentos importantes de su historia posterior (incluyendo los errores). Pero es el segundo, la crónica de Bernal, el que mejor transmite la vibración de aquellos meses inaugurales.

Desde el primer instante, a sabiendas del silencio a que la prensa del régimen nacionalista iba a someter a Ciudadanos, Espada encomendó a Bernal que escribiese una crónica de cada evento, para que quedara constancia. Bernal se puso a la tarea con ánimo rockero, y cuando las reunió en forma de libro en 2007 (el libro que ahora se reedita) las tituló Viajando con Ciutadans, como eco explícito del Viajando con los Rolling Stones de Robert Greenfield.

Es, en verdad, un viaje liberador: con la frágil ilustración abriéndose paso, como un rompehielos, por el compacto mazacote del oscurantismo. Tiene algo de guerrilla intelectual enfrentada a esa especie de invasor del propio territorio que es todo nacionalista, en tanto que intenta imponerle al vecino su peñazo y expulsarlo de una vida vivible en el país que es de los dos. En las crónicas de Bernal aparecen las palabras, las emociones, las anécdotas y también los rebuznos de esos falangistas del catalanismo que son los maulets; rebuznos que derivaron a veces, como ocurrió en Gerona el 5 de junio de 2006, en agresiones físicas.

Bernal, devoto de Juan Marsé, y por lo tanto aborrecedor de la dulzona "prosa sonajero" de los bardos del periodismo, transmite con su escritura fibrosa el nervio de aquellos días. Su relato termina en vísperas de las primeras elecciones a que iba a concurrir Ciutadans, las autonómicas catalanas del 1 de noviembre de 2006, en que obtendría tres escaños. Esto nos lo cuenta ya en la última página, a modo de epílogo apacible. Jordi Bernal sin duda sabe que el éxito es ya un comienzo de derrota y que lo que importa es justo lo anterior: la lucha y la alegría.

[Publicado en Zoom News]