19.6.15

Vargas Llosa contra su mortaja

El gran problema del liberalismo español es que no hay liberales. Hay predicadores, sí, del liberalismo. Pero ellos mismos son más conservadores que liberales, y luchan por una libertad con la que no saben qué hacer. La prueba es cómo se parecen unos a otros y qué igualita es la vida que todos llevan: es como si, cohibidos por la libertad en la que han depositado su fe, se replegaran a la condición de oficinistas, a un estadio previo al ejercicio (a lo grande) de esa libertad. Ha tenido que venir un peruano nacionalizado español para ser la excepción entre nosotros. Mario Vargas Llosa: el único liberal que me consta.

El certificado del comportamiento libre quizá sea la sorpresa. El lema del liberal podría ser entonces aquel que consignó Oscar Wilde: "Uno debería ser siempre un poco improbable". Y lo que ha hecho Vargas Llosa después de obtener el premio Nobel ha sido del todo improbable: no dejarse amortajar, resucitar incluso. Para los que tendemos a la indolencia, ha sido un ejercicio abrumador de voluntad. Todavía no nos hemos recuperado de sus esfuerzos.

Vargas Llosa ha seguido disciplinadamente con sus novelas y sus artículos, ha debutado como actor en el teatro (en una obra escrita por él) y ahora, a la edad de setenta y nueve, se ha convertido en personaje de portada del ¡Hola!, que es como hacer de malo de su propio libro La civilización del espectáculo (sobre lo que ha escrito de maravilla Jaime Bayly). Y naturalmente está el motivo de esto último: amor, la pasión; el haberse metido en este lío tremendo como un adolescente. Quizá la clave esté en que la libertad no la aprendió en el liberalismo, sino en el existencialismo. Tiene su belleza que, después de todo, le haya sido fiel en lo fundamental a su ídolo de juventud: Jean-Paul Sartre.

Además de indolente, soy un sentimental. Y por eso mi corazón (¡poco darwinista!) no ha dejado de pensar estos días, frente a la Preysler, en la prima Patricia, la de "la naricita respingada". Comprendo su pena, y también que no tiene solución: quien no mata muere. No estoy hecho para las crueldades de la vida, pero las admiro cuando se hacen por ella. El paso implacable de Vargas Llosa, antichocho, para seguir vivo. (O para confirmar que lo estaba).

[Publicado en Zoom News (Montanoscopia)]